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domingo, 8 de septiembre de 2013

8 de septiembre, Natividad de Nuestra Señora.



La celebración de la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María, es conocida en Oriente desde el siglo VI. Fue fijada el 8 de septiembre, día con el que se abre el año litúrgico bizantino, el cual se cierra con la Dormición, en agosto. En Occidente fue introducida hacia el siglo VII y era celebrada con una procesión-letanía, que terminaba en la Basílica de Santa María la Mayor.

El Evangelio no nos da datos del nacimiento de María, pero hay varias tradiciones. Algunas, considerando a María descendiente de David, señalan su nacimiento en Belén. Otra corriente griega y armenia, señala Nazareth como cuna de María.

Sin embargo, ya en el siglo V existía en Jerusalén el santuario mariano situado junto a los restos de la piscina Probática, o sea, de las ovejas. Debajo de la hermosa iglesia románica, levantada por los cruzados, que aún existe -la Basílica de Santa Ana- se hallan los restos de una basílica bizantina y unas criptas excavadas en la roca que parecen haber formado parte de una vivienda que se ha considerado como la casa natal de la Virgen.

Esta tradición, fundada en apócrifos muy antiguos como el llamado Protoevangelio de Santiago (siglo II), se vincula con la convicción expresada por muchos autores acerca de que Joaquín, el padre de María, fuera propietario de rebaños de ovejas. Estos animales eran lavados en dicha piscina antes de ser ofrecidos en el templo.

La fiesta tiene la alegría de un anuncio premesiánico. Es famosa la homilía que pronunció San Juan Damasceno (675-749) un 8 de septiembre en la Basílica de Santa Ana, de la cual extraemos algunos párrafos:

"¡Ea, pueblos todos, hombres de cualquier raza y lugar, de cualquier época y condición, celebremos con alegría la fiesta natalicia del gozo de todo el Universo. Tenemos razones muy válidas para honrar el nacimiento de la Madre de Dios, por medio de la cual todo el género humano ha sido restaurado y la tristeza de la primera madre, Eva, se ha transformado en gozo. Ésta escuchó la sentencia divina: parirás con dolor. A María, por el contrario, se le dijo: Alégrate, llena de gracia!

¡Oh feliz pareja, Joaquín y Ana, a ustedes está obligada toda la creación! Por medio de ustedes, en efecto, la creación ofreció al Creador el mejor de todos los dones, o sea, aquella augusta Madre, la única que fue digna del Creador. ¡Oh felices entrañas de Joaquín, de las que provino una descendencia absolutamente sin mancha! ¡Oh seno glorioso de Ana, en el que poco a poco fue creciendo y desarrollándose una niña completamente pura, y, después que estuvo formada, fue dada a luz! Hoy emprende su ruta la que es puerta divina de la virginidad. De Ella y por medio de Ella, Dios, que está por encima de todo cuanto existe, se hace presente en el mundo corporalmente. Sirviéndose de Ella, Dios descendió sin experimentar ninguna mutación, o mejor dicho, por su benévola condescendencia apareció en la Tierra y convivió con los hombres".



Hoy nace una clara estrella,
tan divina y celestial,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo sol nace de ella.

De Ana y de Joaquín, oriente
de aquella estrella divina,
sale luz clara y digna
de ser pura eternamente;
el alba más clara y bella
no le puede ser igual,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo Sol nace de ella.

No le iguala lumbre alguna
de cuantas bordan el cielo,
porque es el humilde suelo
de sus pies la blanca luna:
nace en el suelo tan bella
y con luz tan celestial,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo Sol nace de ella.

Gloria al Padre, y gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.



Muchas son las advocaciones que celebran fiesta en este día. Pero desde este blog que siente especial predilección por la advocación más dulce de María Santísima la DIVINA PASTORA DE LAS ALMAS.


Precisamente hoy día 8 de septiembre se cumplen en este año 310 años, desde aquel glorioso día, que el Capuchino Fray Isidoro de Sevilla, presentara al mundo el glorioso icono de María Santísima con título y traje de Pastora, llevándo el cuadro en un estandarte y presidiendo la Procesión devotísima de la Sacra Corona, desde la Iglesia de San Gil hasta la Alameda de Hércules, donde predicó largamente exaltando las excelencias de la nueva advocación.

Desde entonces el mundo la venera y la ensalza como Divina Pastora de nuestras Almas.




ALABADA SEA LA SANTÍSIMA TRINIDAD

BENDITA SEA LA EXCELSA MADRE DE DIOS MARÍA SANTÍSIMA

BENDITA SEA SU GLORIOSA NATIVIDAD 

BENDITO SEA EL DÍA QUE FRAY ISIDORO LA MOSTRÓ 

BENDITÓ SEA SU DULCÍSIMO NOMBRE DE PASTORA 

BENDITO EL REGALO DE DIOS A LOS HOMBRES 


También otras advocaciones predilectas para nosotros como las que ahora ponemos de María Santísima: 


NUESTRA SEÑORA DE LOS MILAGROS CORONADA, (PATRONA DEL PUERTO DE SANTA MARÍA)







Pues por Divina Patrona, 


te venera esta ciudad, 


Dulce Madre de Milagros, 


ten de tus hijos piedad. 


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NUESTRA SEÑORA DE GRACIA CORONADA, (PATRONA DE CARMONA) 




Virgen de Gracia,

Patrona Santa,

Eres de Carmona,

rosa sin mancha. 


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NUESTRA SEÑORA DEL VALLE CORONADA (PATRONA DE ÉCIJA)






Virgen del Valle Reina y Señora,

Eres la Madre de mi ciudad,

Eres María quien me enamora

La eterna meta de mi caminar.


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NUESTRA SEÑORA DE SETEFILLA CORONADA (PATRONA DE LORA DEL RÍO)




Viva la Virgen de Setefilla,

que en nuestro pecho tiene su altar,

y viva siempre Lora del Río

que su Patrona siempre será.

lunes, 18 de marzo de 2013

19 de marzo, San José, patrón de la Iglesia y del Carmelo Descalzo.



Oh Glorioso Patriarca San José, heme aquí, postrado de rodillas ante vuestra presencia, para pediros vuestra protección.

Desde ya os elijo como a mi padre, protector y guía. Bajo vuestro amparo pongo mi cuerpo y mi alma, propiedad, vida y salud. Aceptadme como hijo vuestro. Preservadme de todos los peligros, asechanzas y lazos del enemigo. Asistidme en todo momento y ante todo en la hora de mi muerte. Amén.
 


Salve, José, amante y tierno padre. Salve guardián de nuestro Redentor.

Esposo fiel de su bendita Madre y salvador del mismo Salvador.

Al buen Jesús pudiste ver sin velo y sobre ti, sus miembros reclinó

Al hacedor de tierra, mar y cielo, con tanto amor besaste y te besó.

Salve, José, amante y tierno padre. Salve guardián de nuestro Redentor. 

Esposo fiel de su bendita Madre y salvador del mismo Salvador.

miércoles, 2 de enero de 2013

1 de enero, Santa María Madre de Dios




Solemnidad de Santa María, Madre de Dios

La Solemnidad de Santa María Madre de Dios es la primer Fiesta Mariana que apareció en la Iglesia Occidental, su celebración se comenzó a dar en Roma hacia el siglo VI, probablemente junto con la dedicación –el 1º de enero– del templo “Santa María Antigua” en el Foro Romano, una de las primeras iglesias marianas de Roma.

La antigüedad de la celebración mariana se constata en las pinturas con el nombre de “María, Madre de Dios” (Theotókos) que han sido encontradas en las Catacumbas o antiquísimos subterráneos que están cavados debajo de la ciudad de Roma, donde se reunían los primeros cristianos para celebrar la Misa en tiempos de las persecuciones.

Más adelante, el rito romano celebraba el 1º de enero la octava de Navidad, conmemorando la circuncisión del Niño Jesús. Tras desaparecer la antigua fiesta mariana, en 1931, el Papa Pío XI, con ocasión del XV centenario del concilio de Éfeso (431), instituyó la Fiesta Mariana para el 11 de octubre, en recuerdo de este Concilio, en el que se proclamó solemnemente a Santa María como verdadera Madre de Cristo, que es verdadero Hijo de Dios; pero en la última reforma del calendario –luego del Concilio Vaticano II– se trasladó la fiesta al 1 de enero, con la máxima categoría litúrgica, de solemnidad, y con título de Santa María, Madre de Dios.

De esta manera, esta Fiesta Mariana encuentra un marco litúrgico más adecuado en el tiempo de la Navidad del Señor; y al mismo tiempo, todos los católicos empezamos el año pidiendo la protección de la Santísima Virgen María.

El Concilio de Éfeso

En el año de 431, el hereje Nestorio se atrevió a decir que María no era Madre de Dios, afirmando: “¿Entonces Dios tiene una madre? Pues entonces no condenemos la mitología griega, que les atribuye una madre a los dioses”. Ante ello, se reunieron los 200 obispos del mundo en Éfeso –la ciudad donde la Santísima Virgen pasó sus últimos años– e iluminados por el Espíritu Santo declararon: “La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios”. Y acompañados por todo el gentío de la ciudad que los rodeaba portando antorchas encendidas, hicieron una gran procesión cantando: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén".

Asimismo, San Cirilo de Alejandría resaltó: “Se dirá: ¿la Virgen es madre de la divinidad? A eso respondemos: el Verbo viviente, subsistente, fue engendrado por la misma substancia de Dios Padre, existe desde toda la eternidad... Pero en el tiempo él se hizo carne, por eso se puede decir que nació de mujer”.

Madre del Niño Dios

“He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra”

Es desde ese fiat, hágase que Santa María respondió firme y amorosamente al Plan de Dios; gracias a su entrega generosa Dios mismo se pudo encarnar para traernos la Reconciliación, que nos libra de las heridas del pecado.

La doncella de Nazareth, la llena de gracia, al asumir en su vientre al Niño Jesús, la Segunda Persona de la Trinidad, se convierte en la Madre de Dios, dando todo de sí para su Hijo; vemos pues que todo en ella apunta a su Hijo Jesús.

Es por ello, que María es modelo para todo cristiano que busca día a día alcanzar su santificación. En nuestra Madre Santa María encontramos la guía segura que nos introduce en la vida del Señor Jesús, ayudándonos a conformarnos con Él y poder decir como el Apóstol “vivo yo más no yo, es Cristo quien vive en mí”.


sábado, 8 de diciembre de 2012

8 de diciembre,Solemnidad de la Pura y Limpia Concepción de María Santísima, (Patrona de España)




LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARIA Y ESPAÑA

La devoción de los españoles a la Reina de cielos y tierra, María Santísima, se remonta al principio del cristianismo. El templo del Pilar, levantado en Zaragoza por el Apóstol Santiago, es una prueba clara y terminante de que, aun viviendo en la tierra la Virgen María, España la honraba, veneraba y tributaba culto como a Madre de Dios e imploraba su auxilio como Madre de los hombres que gimen y lloran en este valle de lágrimas.

Hemos de creer también que los españoles reconocieron desde el principio las gracias y dones con que Dios quiso adornarla, y entre ellos, su Concepción Inmaculada.

A esta conclusión nos lleva un documentado estudio de la historia relig1osa mariana en España.

La Inmaculada Concepción en la época visigoda

San Fulgencio, que vivió al principio del siglo sexto, dice: "La Santa Virgen fué excluida enteramente de la primera sentencia."

San Ildefonso, Arzobispo de Toledo, que floreció a mitad del siglo VII, dice: "Erradamente se quiere sujetara la Madre de Dios a las leyes de la naturaleza, pues consta que ha sido libre y exenta de todo pecado original y que ha levantado la maldición de Eva." Este santo Obispo no se limitó a exponer su opinión sobre la Concepción de María, sino que mandó celebrar so1emnente la fiesta de la Concepción de la Madre de Dios.

El concilio IV de Toledo, celebrado el año 633, aprueba con elogio el Breviario
reformado por San Isidoro, Arzobispo de Sevilla, en el que existe oficio de la Inmaculada Concepción de María, y en él se le llama preservada de la culpa original.

El concilio XI de Toledo, año 675, hace un elogio de la doctrina de San Ildefonso, dando a entender que se confirma en ella y designa a María con estas palabras: "La Santa e Inmaculada Virgen María".

Que el pueblo español creía unánimemente en la Concepción Inmaculada de Maria se desprende de una ley dada por el rey Ervigio en la cual se obligaba a los judíos a abstenerse de trabajos serviles en los días de fiesta de los cristianos, y entre las fiestas que cita se encuentra la de "Concepción de la Virgen María".







Los reyes españoles y el misterio de la Concepción Inmaculada


En el siglo XII, nuestro San Juan de Mata defendió en la Sorbona, de Paris, con tal elocuencia el misterio de la Inmaculada Concepción de María, que don Fernando Ramírez Luque escribe a este respecto: "Desde que la gran Universidad de Paris, casi por los años 1190, oyó a nuestro San Juan de Mata tratar tan sublimemente la cuestión de la inmunidad a todo pecado de María Santísima, quedó tan apasionada a este dulce misterio, que después, con sus libros, sus votos, sus censuras y sus alumnos, ha sido el muro de bronce de la sentencia pía. "

En 1384, don Juan I, rey de Aragón, mandó que se celebrase la fiesta de la Concepción Inmaculada en todas las provincias de España liberadas del yugo del islamismo. En el real decreto dice: "Así, Nos honramos con un corazón puro el misterio de la bienaventurada y feliz Concepción de la Santísima. Virgen, Madre de Dios; y Nos y todos los miembros de la real casa celebramos cada año la fiesta con toda solemnidad, del mismo modo que la han celebrado nuestros excelsas predecesores, quienes establecieron una Cofradía perpetua., Por ésta ordenamos que la fiesta de la Inmaculada Concepción se celebre todos los años perpetuamente con gran solemnidad y respeto en todos los Estados de nuestra obediencia."

El rey don Martín, hermano de don Juan I, impuso la pena de muerte a los que hablaran contra los créditos y pureza de la Concepción si no salen “en el término de diez días de la ciudad, villa o aldea en que pecaron, y en el de treinta días, a contar desde entonces, se marchen de nuestras tierras sin esperanza alguna de volver a ellas".

Los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel eran cofrades de la Cofradia de la Purísima concepción de la Preservada Virgen, y lo fueron igualmente su nieto Carlos V de Alemania y I de España, y, entre otros reyes de España. Felipe V, Fernando VI, Carlos III, Car1os IV Y Fernando VII.




Voto de defender el misterio de la Inmaculada Concepción

Fueron tan grande la devoción y entusiasmo de los españoles por la Concepción Inmacu1ada de Maria Santísima, que se fundó en España 1a Orden militar con e1 titulo de Milicia Cristiana de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen Maria. Fué instituida esta Orden el año 1624. Sus fundamentos son el juramento de obediencia a la Santa Iglesia Romana para 1a exaltación de la fe contra los herejes y conquista de Tierra Santa. Llevaba por hábito una cruz azul de1 centro de ella salía unos rayos de oro, y sobre ellos la Virgen como nos la describe el Apocalipsis, vestida del sol y coronada de estrellas con la luna debajo, de sus pies.

El rey Felipe II impuso ya como obligatorio a las Universidades españolas, por decreto de 24 de enero de 1604, que es la ley 17, título I, libro I de la Novísima Recopilación, el hacer voto de defender el misterio de la Concepción Inmaculada. El mismo voto o juramento hacían los demás estamentos, tanto civiles como militares, de España.

Claramente es ve esto en el memorial elevado por las Cortes al Papa, del cual son las siguiente palabras: "Todos los diputados de das Reinos de España que representaban todas sus provincias en las Cortes celebradas en 17 de julio de este año (1760), expresaron al Serenísimo Rey Católico la perpetua e innata piedad y religión de todos los que tienen el nombre español a la Santísima Madre de Dios y Reina de los ángeles, Virgen María, principalmente en el misterio de la Inmaculada Concepción, y que: siendo muy pocos las vasallos del Rey Católico que no están incorporados a alguna Orden Militar, Universidad, Ayuntamiento. Colegio, Cofradía u otro Cuerpo establecido legítimamente, se observa en todos ellos con el mayor cuidado que al entra haga ceda uno juramento solemne de sostener y defender con todo celo y hasta donde alcancen sus fuerzas el misterio de la Inmaculada concepción, cuyo juramento hicieron también el Rey Católico y los Diputados de los Reinos de España en las Cortes celebradas en el año 1621."

La Inmaculada Concepción es nombrada Patrona de España

El rey Carlos III, accediendo a los deseos manifestados por las Cortes; tomó como universal Patrona de toda la monarquía a la Santísima Virgen en su Inmaculada Concepción; A instancias de este monarca, el Papa Clemente XIII, por Breve de 8 de noviembre de 1760, confirma este Patronato de Maria en todos los dominios de España; manda que todo el clero, secular y regular, celebre la fiesta de la Inmaculada Concepción bajo el rito doble de primera clase y con octava y concede indulgencia plenaria y remisión de todos los pecados a los fieles que, debidamente dispuestos, visiten aquel día cualquier templo dedicado a Dios en honor de su Santísima Madre.

Con otro Breve amplia y extiende a el clero el oficio y misa de la Concepción, como practicaba ya la Orden seráfica.

Finalmente, con otro Breve autoriza Clemente XIII para que en la Letanía lauretana, después de decir "Mater intemerata", se añada "Mater inmaculata".

Más tarde el Romano Pontífice Gregorio XVI, a instancias del Cardenal Arzobispo de Sevilla, concedió que en la misma Letania se d1ga "Regina sine labe original concepta".

La Inmaculada y las ciencias y artes españolas

Cuando la ciencia española llegó a mayor altura y dirigían sus sabios el movimiento científico del mundo civilizado, juraban las profesores de las Universidades más famosas defender hasta morir el privilegio rnariano, Así lo hicieron las Universidades de Valencia, Salamanca, Sevilla, Granada., Valladolid, Oviedo, Compostela, Oñate, Baeza, Alcalá, Osuna, Huesca, Barcelona, Zaragoza, etc, , y de tal modo estaban convencidos de la certeza de su doctrina, que ninguna de las Universidades de España se volvió atrás de su voto.

Los artistas españoles se elevaron a la cumbre de la inspiración cuando pintaron o cantaron el misterio augusto de la Concepción sin mancha de María.

¡Concepciones de Ribera, de Juan de Juanes, de Antolinez, de Valdés Leal y de Murillo! Las almas de estos artistas volaron al cielo, contemplaron allí la belleza idea1 de la Inmaculada y la trasladaron a sus cuadros, joyas del arte ambicionadas por todos los museos del mundo.

De la poesía española han brotado los cánticos más inspirados, 1as estrofas más líricas y bellas en honor de la Purísima Concepción.

Contemplad los floridos y aromáticos rosales de sus poemas, desde "El duelo de la: Virgen", en e1 siglo XII, hasta los líricos del siglo XIX. Repasad las "Cantigas del rey sabio", el "Cancionero" ,de Baena, el "Cancionero general". Subid a las cumbres más elevadas de la literatura, y si preguntáis a Lope de Vega, a Tirso de Molina, a Calderón, etc.., cuál es el ideal que les inspiraba en las obras más portentosas de su ingenio, os contestarán que la Pureza bellísima de la Inmaculada Concepción.

El pueblo español y la Inmaculada

El gran amor del pueblo español ha sido siempre la Virgen Maria. Imposible encontrar un templo en España que no tenga una imagen de Maria; imposible encontrar un hogar en donde no se venere y se invoque a la Reina de cielos y tierra con el dulce nombre de Madre.

El pueblo de España expresa el amor que tiene a la Purísima en sus cantares, en los gozos de las iglesias, en las jotas en los romances de los ciegos y de las abuelas, en las plegarias mezcladas de piropos que manan muchas veces de corazones tristes, que, en su dolor, ponen la única esperanza en el auxilio de la Virgen sin mancilla.

Cuando se va a entrar en una casa, dice el pueblo: "Ave Maria Purísima", y la contestación que da el mismo pueblo es ésta: "Sin pecado concebida"; la oración que todos los españoles aprendemos desde niños es: “Bendita sea tu pureza ..., y eternamente lo sea..."; por la mañana, al mediodía y por la tarde, cuando las campanas tocan el "Ángelus", todos dirigimos nuestro pensamiento a la Santísima Virgen saludándola y felicitándola, porque, al hacerla Madre de Dios, el omnipotente también la hizo "gratia plena", llena de gracia, esto es, Inmaculada. ¿Quién puede poner en duda que el pueblo español es el defensor más decidido, el trovador más ferviente, el poeta más inspirado y el hijo más amante de la Inmaculada Virgen Maria?

Desde que nace nuestra Patria se une de tal forma a la Virgen María, que ya no habrá modo de separarla del regazo maternal de su Rema y Madre; y cuando descubre un mundo nuevo, lleva a este mundo, juntamente con la civilización cristiana, el más preciado de los dones espirituales y la más grande de todas 1as esperanzas; el culto a la Reina y Madre de misericordia, María Santísima, haciendo nacer en los corazones de veinte pueblos estos dos grandes amores: el amor a la madre Patria, España, y el amor a la Madre celestial, la Pura e Inmaculada Concepción.

domingo, 25 de noviembre de 2012

25 de noviembre, Cristo Rey del Universo






Solemnidad 
de 
Jesucristo Rey del Universo



Adoramos a Cristo Rey con la Virgen María. Meditamos en su realeza al compás de los misterios del Rosario: la infinita grandeza de su pequeñez en los misterios gozosos, su poder divino en los misterios luminosos, su trono real en los misterios dolorosos y su exaltación como Rey universal en los misterios gloriosos.


PRIMERA LECTURA. Profeta Daniel 7, 13-14.
La visión del Profeta.

La visión profética de Daniel anuncia el triunfo de Cristo sobre el pecado y la muerte. Por eso, cuando se presentó ante el Padre, se le dio poder, honor y reino. Y todos los pueblo, naciones y lenguas le sirvieron. Su poder es eterno, no cesará. Su reino no acabará...


La realeza de Cristo.

Cristo es Rey universal y eterno. No se trata de una realeza humana. Se trata de la Realeza divina. Tiene su origen eterno en el Padre: el Hijo es Dios como el Padre. La Realeza de Cristo se manifiesta en su humillación y obediencia hasta la muerte y muerte de cruz... por lo cual Dios le exaltó y le otorgó un nombre sobre todo nombre para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble... y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre (Cf. Fil.2,8-11).






El trono de la realeza de Cristo.

Paradójicamente, la realeza de Cristo tiene su trono en la Cruz. Cristo es nuestro Rey porque es nuestro Redentor. Nosotros somos súbditos suyos porque hemos sido rescatados del pecado al precio de su sangre.

A los pies de la Cruz, adoramos a Cristo, nuestro Rey, y nos comprometemos a vivir y a obrar como súbditos suyos. Recordamos la invitación del Siervo de Dios Juan Pablo II: La solemnidad de hoy nos ofrece una ocasión para confirmar nuestra sumisión espontánea y convencida a la adorable realeza del Señor; y también para comprometernos a difundir su reino en el mundo con todas nuestras fuerzas. Es Jesús quien nos dice `Tengo sed' y nos invita a que le acerquemos las almas"(Hom.Cto. Rey, 1991, 3d).


Invocación mariana.

Virgen María: Tú eres prototipo de sumisión a la realeza de Cristo. Enséñanos cómo aceptar plenamente el Reinado de Cristo, reino de gracia y santidad, cómo ser testigos del Reino y cómo hacerlo crecer saciando la sed misionera de Cristo desde el trono de la cruz.







SEGUNDA LECTURA. Apocalipsis 1, 5-8.

Creemos en la realeza de Cristo.

Creemos que Cristo es nuestro Rey, único y trascendente. El libro del Apocalipsis contempla a Cristo triunfante en el cielo. Es el Testigo fiel, el Primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra... A El, la gloria y el poder por los siglos de los siglos porque nos amó, nos ha liberado de nuestros pecado por su sangre, nos ha convertido en un reino y hechos sacerdotes de Dios, su Padre.

Creemos que Cristo Rey volverá -la segunda venida- según profesamos en el Credo: Creo que... subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Será el cumplimiento de la palabra del Apocalipsis: Mirad!. El viene en las nubes. Todo ojo le verá; también los que le atravesaron..."




Somos súbditos de Cristo Rey.

Somos peregrinos, parte viva del misterio de la Iglesia que nace del costado de Cristo muerto en el trono de la Cruz. Estamos llamados a recorrer un camino de obediencia, entrega y amor a Cristo hasta que vuelva como Rey universal para juzgarnos en el amor y pasemos a formar parte de su corte real en el Cielo.

Invocación mariana.

Madre de Dios: Tú participas privilegiadamente de la realeza de Cristo, por eso, eres asumpta al Cielo en cuerpo y alma y coronada como Reina. Enséñanos a caminar como súbditos fieles para alcanzar el triunfo eterno junto a Cristo Rey.





TERCERA LECTURA. San Juan 18, 33-37.
La afirmación de Cristo.

Pilatos pregunta a Cristo si es rey. Jesús le contestó:... Tú lo dices: Soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz".


¡Soy Rey! afirma Cristo. Por lo tanto, le pertenecemos, somos suyos. Renovamos nuestra entrega personal, familiar y social a Cristo, que ha de traducirse en el empeño de vivir según la verdad y la caridad en la gran familia de la Iglesia bajo la guía del padre común que es el Papa.


Nuestra actitud.

Por lo tanto, hemos de esforzarnos para que Cristo reine en nuestras almas por la gracia, la verdad y el amor. Consecuentemente, hemos de vivir como súbditos fieles de Cristo y dar testimonio de su Realeza en medio del mundo según el don de la vocación y misión que cada uno ha recibido en la Iglesia...



Invocación mariana.

Virgen María: te proclamamos Reina porque eres la Madre del Rey. Nos consagramos enteramente a Ti como la mejor manera de ser y obrar como súbditos fieles de Cristo Rey.








jueves, 1 de noviembre de 2012

1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos.







La Solemnidad

La Iglesia nos manda echar en este día una mirada al cielo, que es nuestra futura patria, para ver allí con San Juan, a esa turba magna, a esa muchedumbre incontable de Santos, figurada en esas series de 12,000 inscritos en el Libro de la Vida, - con el cual se indica un número incalculable y perfecto, - y procedentes de Israel y de toda nación, pueblo y lengua, los cuales revestidos de blancas túnicas y con palmas en las manos, alaban sin cesar al Cordero sin mancilla. Cristo, la Virgen, los nueve coros de ángeles, los Apóstoles y Profetas, los Mártires con su propia sangre purpurados, los Confesores, radiantes con sus blancos vestidos, y los castos coros de Vírgenes forman ese majestuoso cortejo, integrado por todos cuantos acá en la tierra se desasieron de los bienes caducos y fueron mansos, mortificados, justicieros, misericordiosos, puros, pacíficos y perseguidos por Cristo. Entre esos millones de Justos a quienes hoy honramos y que fueron sencillos fieles de Jesús en la tierra, están muchos de los nuestros, parientes, amigos, miembros de nuestra familia parroquial, a los cuales van hoy dirigidos nuestros cultos. Ellos adoran ya al Rey de reyes y Corona de todos los Santos y seguramente nos alcanzarán abundantes misericordias de lo alto.

Esta fiesta común ha de ser también la nuestra algún día, ya que por desgracia son muy contados los que tienen grandes ambiciones de ser santos, y de amontonar muchos tesoros en el cielo. Alegrémonos, pues, en el Señor, y al considerarnos todavía bogando en el mar revuelto, tendamos los brazos, llamemos a voces a los que vemos gozar ya de la tranquilidad del puerto, sin exposición a mareos ni tempestades. Ellos sabrán compadecerse de nosotros, habiendo pasado por harto más recias luchas y penalidades que las nuestras. Muy necios seríamos si pretendiéramos subir al cielo por otro camino que el que nos dejó allanado Cristo Jesús y sus Santos.



Los Santos

La Sagrada Biblia llama "Santo" a aquello que está consagrado a Dios. La Iglesia Católica ha llamado "santos" a aquellos que se han dedicado a tratar de que su propia vida le sea lo más agradable posible a Nuestro Señor.

Hay unos que han sido "canonizados", o sea declarados oficialmente santos por el Sumo Pontífice, porque por su intercesión se han conseguido admirables milagros, y porque después de haber examinado minuciosamente sus escritos y de haber hecho una cuidadosa investigación e interrogatorio a los testigos que lo acompañaron en su vida, se ha llegado a la conclusión de que practicaron las virtudes en grado heroico.

Para ser declarado "Santo" por la Iglesia Católica se necesita toda una serie de trámites rigurosos. Primero una exhaustiva averiguación con personas que lo conocieron, para saber si en verdad su vida fue ejemplar y virtuosa. Si se logra comprobar por el testimonio de muchos que su comportamiento fue ejemplar, se le declara "Siervo de Dios". Si por detalladas averiguaciones se llega a la conclusión de que sus virtudes, fueron heroicas, se le declara "Venerable". Más tarde, si por su intercesión se consigue algún milagro totalmente inexplicable por medios humanos, es declarado "Beato". Finalmente si se consigue un nuevo y maravillosos milagro por haber pedido su intercesión, el Papa lo declara "santo".

Para algunos santos este procedimiento de su canonización ha sido rapidísimo, como por ejemplo para San Francisco de Asís y San Antonio, que sólo duró 2 años. Poquísimos otros han sido declarados santos seis años después de su muerte, o a los 15 o 20 años. Para la inmensa mayoría, los trámites para su beatificación y canonización duran 30, 40,50 y hasta cien años o más. Después de 20 o 30 años de averiguaciones, la mayor o menor rapidez para la beatificación o canonización, depende de que obtenga más o menos pronto los milagros requeridos.

Los santos "canonizados" oficialmente por la Iglesia Católica son varios millares. Pero existe una inmensa cantidad de santos no canonizados, pero que ya están gozando de Dios en el cielo. A ellos especialmente está dedicada esta fiesta de hoy.

La Santa Biblia afirma que al Cordero de Dios lo sigue una multitud incontable.

En el cielo están San Chofer de bus y Santa Lavandera de ropa. San Mensajero y Santa Secretaria. Santa Madre de familia y San Gerente de Empresa. San Obrero de construcción y San Agricultor. San Colegial y Santa Estudiante. Santa Viuda, Santa Solterona, Santa Niña y Santa Anciana. San Sacerdote, San Obispo, San Pontífice, San Limosnero, San Celador, Santa Cocinera, San Arrendatario y San Millonario, y muchos más que amaron a Dios y cumplieron sus deberes de cada día.

Señor Jesús: que cada uno de nosotros logremos formar también parte un día en el cielo para siempre del número de tus santos, de los que te alabaremos y te amaremos por los siglos de los siglos. Amén.

Esta es la voluntad de Dios: Que lleguemos a la santidad.

jueves, 11 de octubre de 2012

11 de octubre, apertura del Año de la Fe.


Con esta imagen abrimos este día, "El triunfo de la Fe" que corona el alminar sevillano de la giralda.

Que la proclamación en el día de hoy de estos actos, nos lleven a tener una fe más profunda y sincera, una fe sin reparos, sin complejos, sin menosprecios. Una Fe con mayúscula en un Dios que nos quiere, que nos ayuda, que nos defiende y que vela por nosotros aunque a veces parezca ausente de nuestras vidas.


Sigamos diciendo siempre:

SEÑOR YO CREO, PERO AUMENTA MI FE


sábado, 15 de septiembre de 2012

15 de Septiembre, Dolores Gloriosos de Nuestra Señora.

Nuestra Señora de los Dolores Coronada. V.O.T. de Servitas, Cádiz.


GOZOS A LOS DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA

Para que nuestra armonía
al Cielo esté recreando,
cantemos, fieles, llorando
los Dolores de María.

Quebratóla el corazón
su Hijo a quien tanto amaba,
por ver que ya derramaba
Sangre en la circuncisión:
de su cuerpo la sangría
nuestra salud iba obrando;
cantemos, fieles, llorando
los Dolores de María.

Tuvo gozo, cuando al Hijo
adoró Simeón justo;
mas vino a aguarle este gusto
lo que de Él al fin le dijo:
que un cuchillo le sería
a su alma traspasado:
cantemos, fieles, llorando
los Dolores de María.

Cuando Herodes intentó
dar al que es Vida la muerte,
María en lance tan fuerte
a Egipto de noche huyó:
en tinieblas se partía,
la luz del mundo llevando:
cantemos, fieles, llorando
los Dolores de María.

Otro dolor fue crecido,
cuando a Jesús nuestro bien,
quedando en Jerusalén
tuvo tres días perdido:
un siglo fue cada día,
buscándole y no le hallando:
cantemos, fieles, llorando
los Dolores de María.

Ya la hora, Virgen pura,
llegó, que tanto temísteis,
cuando al Hijo llevar vísteis
por la calle de Amargura:
la que a vuestra alma afligía,
la calle está publicando:
cantemos, fieles, llorando
los Dolores de María.

Más ya los clavos que pasan
manos y pies del Señor,
a la Virgen de dolor
las entrañas le traspasan:
la pena en Ella subía
al grado en que estaba amado:
cantemos, fieles, llorando
los Dolores de María.

Al Sagrado Benjamín
San Juan el Evangelista
le tuvísteis a la vista
de Christo a la muerte fin:
por su madre a él os fía,
cuando ya se ve expirando:
cantemos, fieles, llorando
los Dolores de María.

Dando Christo el alma al Padre
dobló en ella los rigores,
que antes los graves dolores
se partían Hijo y Madre:
sola y sin compañía
en penas se está anegando:
cantemos, fieles, llorando
los Dolores de María.

Viendo a Christo sepultado,
vio puesto al Sol y su luz,
porque difunto en la Cruz
le veía, aunque eclipsado:
y aunque de perla vacía,
la concha estaba adorando:
cantemos, fieles, llorando
los Dolores de María.

Y pues llorando vertía
sangre, el suelo rubricando,
cantemos, fieles, llorando
los Dolores de María.

Ora pro nobis, Virgo Dolorosissima - Ut digni efficiamur promissionibus Christi

Nuestra Señora de las Angustías, Capilla del Caminito, Cádiz.

14 de Septiembre, Exaltación de la Santa Cruz.



Sin cruz no hay gloria ninguna,
ni con cruz eterno llanto,
santidad y cruz es una,
no hay cruz que no tenga santo,
ni santo sin cruz alguna.

Pablo su gloria tenía,
en la cruz y confessaba
que sin cruz no la quería,
a Christo en cruz predicaba,
de Christo en cruz escribía:
en esta vida importuna
dos cruces hay, destas dos,
alma, procurad alguna,
porque en el Reyno de Dios
sin cruz no hay gloria ninguna.

Cruz buscad, cruz os convino,
o interior, o material,
que este Capitán divino
puso su cruz por señal
para no errar el camino:
si vais a su Reyno santo,
que no tendréis os avisa,
Christo, que la estima tanto,
ni sin cruz eterna risa,
ni con cruz eterno llanto.

Como hace resistencia
al peso la fuerte palma,
dan victoria a la paciencia,
porque a la quietud del alma
no impide la penitencia:
que a ser santos no repugna
lo que los cuerpos padecen
por aspereza ninguna,
que aunque dos cosas parecen
santidad y cruz, es una.

No hay perfecto en tal estado
de que no pueda caer,
aunque suba al mayor grado,
y assí es menester hacer
que sienta el cuerpo el cuidado:
santo y cruz, pues se aman tanto,
no implican contradicción,
cruces no han de dar espanto,
que aunque diferentes son,
no hay cruz que no tenga santo.

Con trabajos y aflicciones
este instrumento se templa,
que no disminuye acciones
al que más alto contempla
mortificar las passiones:
senda y patria es Dios, y es una,
y vemos por experiencia
pocas veces, o ninguna,
perfecto sin penitencia,
ni santo sin cruz alguna.

Felix Lope de Vega y Carpio

12 de Septiembre, Festividad del Dulce Nombre de María

Nuestra Señora de la Bendición de Dios, Convento del Carmen, Cádiz.

El hecho de que la Santísima Virgen lleve el nombre de María es el motivo de esta festividad, instituida con el objeto de que los fieles encomienden a Dios, a través de la intercesión de la Santa Madre, las necesidades de la iglesia, le den gracias por su omnipotente protección y sus innumerables beneficios, en especial los que reciben por las gracias y la mediación de la Virgen María. Por primera vez, se autorizó la celebración de esta fiesta en 1513, en la ciudad española de Cuenca; desde ahí se extendió por toda España y en 1683, el Papa Inocencio XI la admitió en la iglesia de occidente como una acción de gracias por el levantamiento del sitio a Viena y la derrota de los turcos por las fuerzas de Juan Sobieski, rey de Polonia.

Esta conmemoración es probablemente algo más antigua que el año 1513, aunque no se tienen pruebas concretas sobre ello. Todo lo que podemos decir es que la gran devoción al Santo Nombre de Jesús, que se debe en parte a las predicaciones de San Bernardino de Siena, abrió naturalmente el camino para una conmemoración similar del Santo Nombre de María.

Antiguamente en Cádiz celebraban su fiesta a partir del día de la natividad y hasta su octava, diferentes advocaciones marianas, especialmente vinculadas con las Compañías Espirituales del Santo Rosario, la única que conserva esta fiesta en la actualidad es Nuestra Señora de la Palma, del barrio de la Viña.

Nuestra Señora de la Palma Coronada, Cádiz.

En tu Encarnación bendita,
Inmaculada María,
está el Triunfo divino,
de la Redención sabida,
por la Bendición de Dios
que en tu Palma se adivina.

martes, 11 de septiembre de 2012

8 de Septiembre, Solemnidad de la Natividad de Nuestra Señora





El documento más antiguo en conmemoración de esta fiesta data del siglo sexto. San Romano, el gran lírico eclesiástico de la Iglesia Griega, compuso en honor de la fiesta un himno (Card. Pitra, "Hymnogr. Graeca", Paris, 1876, 199) el cual es un bosquejo poético del evangelio apócrifo de Santiago. San Romano era nativo de Emesa en Siria, fue diácono de Berytus y posteriormente en la iglesia Blachernae de Constantinopla. Compuso sus himnos entre los años 536 y 556 (P. Maas en "Byzant. Zeitschrift", 1906). El origen de la fiesta puede haber tenido lugar en Siria o Palestina a principios del siglo sexto, momento en que, terminado el Concilio de Éfeso y bajo la influencia de la “Apócrifa”, el culto a la Madre de Dios se intensificó notablemente, especialmente en Siria. En los comienzos del siglo octavo, San Andrés de Creta predicó numerosos sermones respecto de esta fiesta (Lucius-Anrich, "Anfänge des Heiligenkultus", Tubinga, 1906, 468). Las evidencias intentan mostrar porqué fue elegido el ocho de septiembre para esta fecha. La Iglesia de Roma la adoptó del Este en el siglo siete; se le encuentra en los Sacramentarios Gelasiano (siglo siete) y Gregoriano (del octavo al noveno siglo). Sergio I (687-701) prescribió una letanía y una procesión para esta fiesta (P.L. cxxviii, 897 sqq.). En vista de que la historia de la Natividad de María es conocida sólo a través de fuentes apócrifas, la Iglesia Latina tardó en aceptar esta fiesta del oriente. No aparece en muchos calendarios que sí contienen la Asunción, como el Goto-Gálico, aquel de Luxeuil, el Calendario Toledano del siglo décimo y el Calendario Mozarábigo.

La iglesia de Angers en Francia sostiene que San Maurilio instituyó esta fiesta en Angers como consecuencia de una revelación alrededor del año 430. En la noche del 8 de septiembre, un hombre escuchó a los ángeles cantando en el cielo, y al preguntarles la razón, le respondieron que estaban llenos de júbilo porque la Virgen había nacido ese día ((La fête angevine N.D. de France, IV, Paris, 1864, 188); pero esta tradición no está corroborada por pruebas históricas. La fiesta aparece en el calendario de Sonnato, Obispo de Reims, 614-31 (Kellner, Heortología, 21). Aún así no puede decirse que haya sido una fiesta ampliamente celebrada en los siglos octavo y noveno. San Fulberto, Obispo de Chartres (1028), se refiere a esta fiesta como a una reciente institución (P.L., cxli, 320, sqq.); los tres sermones que él escribió son los sermones latinos genuinos más antiguos sobre esta fiesta (Kellner, "Heortología", Londres, 1908, 230). La octava fue instituida por Inocencio IV (1243) conforme con un voto hecho por los cardenales en el cónclave del otoño de 1241, cuando fueron hechos prisioneros por Federico II durante tres meses. En la Iglesia Griega la apódosis (explicación) de la fiesta tiene lugar el 12 de septiembre, a causa de la fiesta y la solemnidad de la Exaltación de la Cruz el 13 y 14 de septiembre. Tanto los coptos en Egipto cuanto los abisnianos celebran la Natividad de María el 1 de Mayo, y continúan celebrando la fiesta por 33 días bajo el nombre de “Semilla de Jacob” (Anal. Juris Pont., xxi, 403); también la conmemoran el primero de cada mes (carta privada de P. Baeteman, C.M., Alikiena). Los coptos católicos han adoptado la fiesta Griega, pero la mantienen el 10 de septiembre (Nilles, "Kal. Man.", II, 696, 706).



Hoy nace una clara estrella,
tan divina y celestial,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo sol nace de ella.

De Ana y de Joaquín, oriente
de aquella estrella divina,
sale luz clara y digna
de ser pura eternamente;
el alba más clara y bella
no le puede ser igual,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo Sol nace de ella.

No le iguala lumbre alguna
de cuantas bordan el cielo,
porque es el humilde suelo
de sus pies la blanca luna:
nace en el suelo tan bella
y con luz tan celestial,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo Sol nace de ella.

Gloria al Padre, y gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.


8 de Septiembre, comienzo de la devoción pastoreña.

Tras haber tenido lugar la visión de Fray Isidoro de Sevilla en el convento capuchino de esa ciudad, en la madrugada del 24 de  junio de 1703, encarga la pintura que muestra esa visión, la que realiza Alonso Miguel de Tovar y se presenta al mundo el 8 de septiembre de ese mismo año, partiendo en Rosario público desde la sevillanísima Parroquia de San Gil hasta la Alameda de Hércules, donde fue mostrada a los fieles la nueva advocación de María Santísima " Con Traje y Título de Pastora". El 8 de Septiembre día de la Natividad de Ella, también nació para el mundo una nueva advocación de su nombre.



¡¡BENDITA LA HORA QUE EL MUNDO TE VIO!!


miércoles, 22 de agosto de 2012

22 de Agosto, Santa María Reina.



La realeza de Cristo es dogma fundamental de la Iglesia y a la par canon supremo de la vida cristiana.

Esta realeza, consustancial con el cristianismo, es objeto de una fiesta inserta solemnemente en la Sagrada Liturgia por el papa Pío XI a través de la bula Quas primas del 11 de diciembre de 1925. Era como el broche de oro que cerraba los actos oficiales de aquel Año Santo.

La idea primordial de la bula podría formularse de esta guisa. Cristo, aun como hombre, participa de la realeza de Dios por doble manera: por derecho natural y por derecho adquirido. Por derecho natural, ante todo, a causa de su personalidad divina; por derecho adquirido a causa de la redención del género humano por ÉI realizada.



Si algún día juzgase oportuno la Iglesia —decía un teólogo español en el Congreso Mariano de Zaragoza de 1940— proclamar en forma solemne y oficial la realeza de María, podría casi transcribir a la letra, en su justa medida y proporción, claro está, los principales argumentos de aquella bula.

Y así ha sido. El 11 de octubre de 1954 publicó Pío XII la encíclica Ad Coeli Reginam. Resulta una verdadera tesis doctoral acerca de la realeza de la Madre de Dios. En ella, luego de explanar ampliamente las altas razones teológicas que justifican aquella prerrogativa mariana, instituye una fiesta litúrgica en honor de la realeza de María para el 31 de mayo. Era también como el broche de oro que cerraba las memorables jornadas del Año Santo Concepcionista.

El paralelismo entre ambos documentos pontificios, y aun entre las dos festividades litúrgicas, salta a la vista.

La realeza de Cristo es consustancial, escribíamos antes, con el cristianismo; la de María también. La realeza de Cristo ha sido fijada para siempre en el bronce de las Sagradas Escrituras y de la tradición patrística; la de María lo mismo.

La realeza de Cristo, lo insinuábamos al principio, descansa sobre dos hechos fundamentales: la unión hipostática —así la llaman los teólogos y no acierta uno a desprenderse de esta nomenclatura— y la redención; la de María, por parecida manera, estriba sobre el misterio de su Maternidad Divina y el de Corredención.

Ni podría suceder de otra manera. Los títulos y grandezas de nuestra Señora son todos reflejos, en cuanto que, arrancando frontalmente del Hijo, reverberan en la Madre, y la realeza no había de ser excepción. La Virgen, escribe el óptimo doctor mariano San Alfonso de Ligorio, es Reina por su Hijo, con su Hijo y como su Hijo. Es patente que se trata de una semejanza, no de una identidad absoluta.

"El fundamento principal —decía Pío XII—, documentado por la Tradición y la Sagrada Liturgia, en que se apoya la realeza de María es, indudablemente, su Divina Maternidad. Y así aparecen entrelazadas la realeza del Hijo y la de la Madre en la Sagrada Escritura y en la tradición viva de la Iglesia. El evangelio de la Maternidad Divina es el evangelio de su realeza, como lo reconoce expresamente el Papa; y el mensaje del arcángel es mensaje de un Hijo Rey y de una Madre Reina.

Entre Jesús y María se da una relación estrechísima e indisoluble —de tal la califican Pío IX y Pío XII—, no sólo de sangre o de orden puramente natural, sino de raigambre y alcance sobrenatural trascendente. Esta vinculación estrechísima e indisoluble, de rango no sólo pasivo, sino activo y operante, la constituye a la Virgen particionera de la realeza de Jesucristo. Que no fue María una mujer que llegó a ser Reina. No. Nació Reina. Su realeza y su existencia se compenetran. Nunca, fuera de Jesús, tuvo el verbo "ser" un alcance tan verdadero y sustantivo. Su realeza, al igual que su Maternidad, no es en Ella un accidente o modalidad cronológica. Más bien fue toda su razón de ser. Predestinóla el cielo, desde los albores de la eternidad, para ser Reina y Madre de Misericordia.

Toda realeza como toda paternidad viene de Dios, Rey inmortal de los siglos. Pero un día quiso Dios hacerse carne en el seno de una mujer, entre todas las mujeres bendita, para así asociarla entrañablemente a su gran hazaña redentora. Y este doble hecho comunica a la Virgen Madre una dignidad, alteza y misión evidentemente reales.

Saliendo al paso de una objeción que podría hacerse fácilmente al precedente raciocinio, escribe nuestro Cristóbal Vega que, si la dignidad y el poder consular o presidencial resulta intransferible, ello se debe a su peculiar naturaleza o modo de ser, por venir como viene conferido por elección popular. Pero la realeza de Cristo no se cimenta en el sufragio veleidoso del pueblo, sino en la roca viva de su propia personalidad.

Y, por consecuencia legítima, la de su Madre tampoco es una realeza sobrevenida o episódica, sino natural, contemporánea y consustancial con su maternidad divina y función corredentora. Con atuendo real, vestida del sol, calzada de la luna y coronada de doce estrellas viola San Juan en el capítulo 12 del Apocalipsis, asociada a su Hijo en la lucha y en la victoria sobre la serpiente, según que ya se había profetizado en el Génesis.

Y esta realeza es cantada por los Santos Padres y la Sagrada Liturgia en himnos inspiradísimos que repiten en todos los tonos el "Salve, Regina".

Hable por todos nuestro San Ildefonso, el capellán de la Virgen, cantor incomparable de la realeza de María, que, anticipándose a Grignon de Monfort y al español Bartolomé de los Ríos, agota los apelativos reales de la lengua del Lacio: Señora mía, Dueña mía, Señora entre las esclavas, Reina entre las hermanas, Dominadora mía y Emperatriz.

Realeza celebrada en octavas reales, sonoras como sartal de perlas orientales y perfectas como las premisas de un silogismo coruscante, por el capellán de la catedral primada don José de Valdivielso, cuando, dirigiéndose a la Virgen del Sagrario, le dice:

Sois, Virgen Santa, universal Señora
de cuanto en cielo y tierra ha Dios formado;
todo se humilla a Vos, todo os adora
y todo os honra y a vuestro honrado;
que quien os hizo de Dios engendradora,
que es lo que pudo más haberos dado,
lo que es menos os debe de derecho,
que es Reina universal haberos hecho.

Los dos versos finales se imponen con la rotundidez lógica de una conclusión silogística.

En el 2º concilio de Nicea, VII ecuménico, celebrado bajo Adriano en 787, leyóse una carta de Gregorio II (715-731) a San Germán, el patriarca de Constantinopla, en que el Papa vindica el culto especial a la "Señora de todos y verdadera Madre de Dios".

Inocencio III (1198-1216) compuso y enriqueció con gracias espirituales una preciosa poesía en honor de la Reina y Emperatriz de los ángeles.

Nicolás IV (1288-1292) edificó un templo en 1290 a María, Reina de los Angeles.

Juan XXII (1316-1334) indulgenció la antífona "Dios te salve, Reina", que viene a ser como el himno oficial de la realeza de María.

Los papas Bonifacio IX, Sixto IV, Paulo V, Gregorio XV, Benedicto XIV, León XIII, San Pío X, Benedicto XV y Pío XI repiten esta soberanía real de la Madre de Dios.

Y Pío XII, recogiendo la voz solemne de los siglos cristianos, refrenda con su autoridad magisterial los títulos y poder reales de la Virgen y consagra la Iglesia al Inmaculado Corazón de María, Reina del mundo. Y en el radiomensaje para la coronación de la Virgen de Fátima, al conjuro de aquellas vibraciones marianas de la Cova de Iría, parece trasladarse al día aquel, eternamente solemne, al día sin ocaso de la eternidad, cuando la Virgen gloriosa, entrando triunfante en los cielos, es elevada por los serafines bienaventurados Y los coros de los ángeles hasta el trono de la Santísima trinidad, que, poniéndole en la frente triple diadema de gloria, la presentó a la corte celeste coronada Reina del universo... “Y el empíreo vio que era verdaderamente digna de recibir el honor, la gloria, el imperio, por estar infinitamente más llena de gracias, por ser más santa, más bella, más sublime, incomparablemente más que los mayores santos y que los más excelsos ángeles, solos o todos juntos, por estar misteriosamente emparentada, en virtud de la Maternidad Divina, con la Santísima Trinidad, con Aquel que es por esencia Majestad infinita, Rey de Reyes y Señor de Señores, como Hija primogénita del Padre, Madre ternísima del Verbo, Esposa predilecta del Espíritu Santo, por ser Madre del Rey Divino, de Aquel a quien el Señor Dios, desde el seno materno, dio el trono de David y la realeza eterna de la casa de Jacob, de Aquel que ofreció tener todo el poder en el cielo y en la tierra. El, el Hijo de Dios, refleja sobre su Madre celeste la gloria, la majestad, el imperio de su realeza, porque, como Madre y servidora del Rey de los mártires en la obra inefable de la Redención, le está asociada para siempre con un poder casi inmenso en la distribución de las gracias que de la Redención derivan..."

Por esto la Iglesia la confiesa y saluda Señora y Reina de los ángeles y de los hombres.
Reina de todo lo creado en el orden de la naturaleza y de la gracia.
Reina de los reyes y de los vasallos.
Reina de los cielos y de la tierra.
Reina de la Iglesia triunfante y militante.
Reina de la fe y de las misiones.
Reina de la misericordia.
Reina del mundo, y Reina especialmente nuestra, de las tierras y de las gentes hispanas ya desde los días del Pilar bendita. Reina del reino de Cristo, que es reino de “verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz”. Y en este reino y reinado de Cristo, que es la Iglesia santa, es Ella Reina por fueros de maternidad y de mediación universal y, además, por aclamación universal de todos sus hijos.

En este gran día jubilar de la realeza de María renovemos nuestro vasallaje espiritual a la Señora y con fervor y piedad entrañables digámosla esa plegaria dulcísima, de solera hispánica, que aprendimos de niños en el regazo de nuestras madres para ya no olvidarla jamás:

"Dios te salve, Reina y Madre de misericordia; Dios te salve". 


Filiberto Díaz Pardo

lunes, 28 de mayo de 2012

Domingo de Pentecostés.



“Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo”.
Hechos de los Apóstoles 2, 1-5



I)
NO ES OBRA HUMANA
NO ES OBRA HUMANA
LA VIRGEN DEL ROCIO

NO ES OBRA HUMANA
QUE BAJO DE LOS CIELOS
UNA MAÑANA

ESO SERIA
PARA SER REINA Y MADRE
ESO SERIA
PARA SER REINA Y MADRE
DE ANDALUCIA

II)
SIEMPRE MANANDO
SIEMPRE MANANDO
POCITO DEL ROCIO

SIEMPRE MANANDO
LO MISMO QUE LA VIRGEN
SIEMPRE ESCUCHANDO

DE NOCHE Y DIA
TE ENCUENTRA QUIEN TE BUSCA
DE NOCHE Y DIA
TE ENCUENTRA QUIEN TE BUSCA
VIRGEN MARIA

III)
ROSA TEMPRANA
ROSA TEMPRANA
SALUD DE LOS ENFERMOS

ROSA TEMPRANA
ESTRELLA RELUCIENTE
DE LA MAÑANA

POLVO Y AROMA
LIRIOS DE LA MARISMA
POLVO Y AROMA
LIRIOS DE LA MARISMA
BLANCA PALOMA

IV)
LA VIRGEN SALE
LA VIRGEN SALE
CUANDO POR LA MARISMA

LA VIRGEN SALE
ANDANDO SE DETIENE
PARA REZARLE

QUIEN NO LE REZA
A ESA BLANCA PALOMA
QUIEN NO LE REZA
A ESA BLANCA PALOMA
NO ES DE PUREZA

viernes, 20 de abril de 2012

¡¡Cristo ha Resucitado!!



Santa Teresa de Jesús es maestra de oración y por ello podemos encontrarnos con sus oraciones que va intercalando a lo largo de sus escritos. Teresa escribe, pero no se niega a orar mientras escribe y quiere hacernos partícipes de su oración, quiere que oremos con ella a su querido Esposo:

“¡Oh Jesús mío!, ¡quién pudiese dar a entender la majestad con que os mostráis! Y cuán Señor de todo el mundo y de los cielos y de otros mil mundos y sin cuento mundos y cielos que Vos crearais, entiende el alma, según con la majestad que os representáis, que no es nada para ser Vos señor de ello.

Aquí se ve claro, Jesús mío, el poco poder de todos los demonios en comparación del vuestro, y cómo quien os tuviere contento puede repisar el infierno todo. Aquí ve la razón que tuvieron los demonios de temer cuando bajasteis al limbo, y tuvieran de desear otros mil infiernos más bajos para huir de tan gran majestad, y veo que queréis dar a entender al alma cuán grande es, y el poder que tiene esta sacratísima Humanidad junto con la Divinidad. Aquí se representa bien qué será el día del juicio ver esta majestad de este Rey, y verle con rigor para los malos. Aquí es la verdadera humildad que deja en el alma, de ver su miseria, que no la puede ignorar. Aquí la confusión y verdadero arrepentimiento de los pecados, que aun con verle que muestra amor, no sabe adonde se meter, y así se deshace toda” (V 28,8-9).

La Santa de Ávila se queda obnubilada ante la visión del Resucitado que ya nos ha relatado. Es una majestad difícil de explicar, hay que “verla” para comprenderla. Ahora, ante esta visión, Teresa ora al Señor del mundo y de los cielos. Cristo Resucitado es Señor del universo, es Cristo Rey. Su poder se encuentra por encima de cualquier poder y por ello “los demonios temieron cuando bajó a los infiernos”.

Su poder es inmenso, es Humanidad y Divinidad unidas, Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Cristo se “muestra” a Teresa en su Humanidad y Divinidad y le hace comprender su grandeza y poder. La luz de la Resurrección llena a Teresa y le introduce en la Divina Majestad de Cristo Resucitado.

El resultado de esta visión es que deja una gran humildad en el alma, Teresa de Jesús al ver al Resucitado ora y descubre su miseria. Ante el Resucitado todo queda al descubierto, todo es iluminado por la clara y transformante luz de la Resurrección. Teresa nos invita a reconocer y a arrepentirnos de nuestros propios pecados, no se puede hacer nada mejor ante esta Divina Majestad.

Cristo Resucitado con su luz nos envuelve en un haz de amor y de perdón, Cristo nos ha salvado y ante esta realidad Santa Teresa de Jesús no sabe dónde meterse, se deshace toda y se deja inundar por la luz de la Resurrección.

La Santa de Ávila nos ha mostrado su encuentro con el Resucitado, nos lo ha descrito con detalle y nos ha enseñado a orar ante Él, ahora nos toca a nosotros asumir estas palabras que Teresa de Jesús quiere que anunciemos a todos nuestros hermanos y proclamemos con todas nuestras fuerzas que ¡CRISTO HA RESUCITADO! ¡ALELUYA!

¡Feliz Pascua de Resurrección a todos!

Fr. Rafael Pascual Elías