lunes, 31 de octubre de 2011

1 de Noviembre, Aniversario del Milagro del Maremoto de 1755.


¡¡ HASTA AQUÍ, MADRE MÍA !!



       Tsunami es una palabra japonesa, pero eso no implica que los destructivos maremotos se den solo en el Pacífico. Cádiz y Huelva sufrieron el 1 de noviembre de 1755 los efectos de una enorme ola devastadora tras un terremoto en una falla en el Atlántico a 400 kilómetros de la costa. Pese a que vivía mucha menos gente en la costa que hoy, hay documentadas 1.240 muertes por la ola. Los científicos no saben si podría repetirse el año que viene o dentro de 500, pero dado el poder destructivo de este fenómeno, reclaman un sistema de alerta.

        El seísmo del día de Todos los Santos de 1755 ha quedado para la historia como el terremoto de Lisboa. Destruyó la ciudad y en Portugal fallecieron unas 12.000 personas. La falla Marqués de Pombal, 400 kilómetros al suroeste del Cabo San Vicente, se movió y generó un seísmo de magnitud entre 8,3 y 8,5 en la escala Richter, según han reconstruidos después los científicos, explica Emilio Carreño, jefe de la Red Sísmica del Instituto Geográfico Nacional (IGN). “El temblor se sintió hasta en Alemania y casi todas las catedrales con torre de la Península sufrieron daños”, añade Carreño.


La Acta que se han encontrado data de sólo tres días después del maremoto. En ella el Obispo Fray Tomás del Valle pide a los gaditanos que hagan ayuno el 5 de Noviembre “según las fuerzas de cada uno”.


El seísmo generó un tsunami. En los acantilados del Algarve apenas produjo daños, pero en la zona entre Cádiz y Huelva, con marismas bajo el nivel del mar, azotó con fuerza. “La primera ola llegó a Huelva a los 45 minutos y a Cádiz a los 60. Aunque hay debate y hay quien cree que en Cádiz llegó a medir 12 metros de altura, hay una marca de 6,5, que es mucho”, añade.
Solo en Ayamonte (Huelva) hubo unos 400 ahogados.

Virgen de la Palma. Así, desde entonces la imagen sale en Cadiz, cada 1 de Noviembre y no el 26 de Diciembre como se hacía antes del seísmo.

" El casi general y espantoso terremoto se propagó a casi todo el hemisferio, desde Portugal hasta la Laponia y las Antulas, por una parte, y desde Groenlandia hasta África por otras, produciendo arrasando ciudades populares, echando por tierra los más sólidos edificios y causando gran número de víctimas; esparciendo por todos los ámbitos la ruina, el luto y la desolación" (...) "En Cádiz amaneció claro el día 1 de Noviembre de 1755, tan sereno, hermoso y claro que más parecía primavera que inmediaciones de invierno... En este temple se mantuvo la mañana, con viento escaso por el noroeste notándose únicamente un calor impropio de la estación, sola"


"A las 9:45 minutos empezó a experimentarse casi gradualmente una especie de mareo, que sin privar de sentido, resultaba un desvanecimiento de cabeza. Al propio tiempo comenzó a resaltarse un templo de tierra, al principio lento y fue creciendo su violencia hasta notarse en los edificios desmesurados vaivenes..."


"En hora en que muchas Iglesias, por ser día feriado estaba celebrándose el Santo Sacrificio de la Misa, pero a muchos de los sacerdotes, lo mismo que los empezaban que los estaban terminando, presos de un pánico incomparable, sin reflexión alguna, abandonaron las iglesias y con las vestimentas sagradas salieron buscando, aún a costa de tantos peligros, donde liberarse de tan evidente riesgo..." (...) " El Exmo. Cabildo Catedral conjuró a las aguas con el Santo Lignum Crucis, desde la ventana de la antesala Capitular (En la Catedral Vieja por el lado de la Sacristía actual que da al Campo del Sur)"  (...) "La Comunidad de RR. PP. Dominicos, ante las súplicas de los fieles, que fervorosos acudían a la Iglesia de Santo Domingo a rezar a la Virgen del Rosario, ya proclamada Patrona por la Ciudad y tomando en cuenta que la preciada imagen se encontraba en sus andas preparadas por la procesión claustral, que había de celebrarse al día siguiente (Domingo) según costumbre, sacaron del Sagrario a SDM y en procesión solemnísima, (se unían todas las clases sociales en apretado haz), llevaron la imagen de Nuestra Señora del Rosario por la Calle Plocia al Callejón de los Negros, subiendo, subiendo por la rampa que aun existía al Baluarte de este nombre y la presentación ante el embravecido mar que con gran velocidad y en enormes olas llegaban hasta aquellos sitios conjurando a las aguas con el Santísimo Sacramento"





La mañana del día de Todos los Santos de 1755 la falla que va desde las Azores hasta Gibraltar sacudió la tierra repetidamente con una intensidad que llegó a los 8’7 grados de la escala de Richter a las 9 y 50 minutos. De nuevo a las 10 y aun tuvo una replica a mediodía. Lisboa, la capital portuguesa, una de las urbes más importantes de la Europa del siglo XVIII, quedó arrasada, y perdió casi una cuarta parte de su población. Más de 50.000 muertos. Al terremoto siguieron los incendios y un gran maremoto. En España los efectos del seísmo llegaron a afectar Madrid y Sevilla, donde quedaron dañadas el 89 por ciento de las viviendas y la propia Giralda. En la costa andaluza, Ayamonte sufrió la perdida de más de mil vidas. Lepe cuatrocientas. En la Isla del León, hoy San Fernando, hubo 26 víctimas, y también afectó al Puerto de Santa María y a Sanlúcar de Barrameda.



El maremoto alcanzó Cádiz en tres oleadas consecutivas, que llegaron hasta los 18 metros de altura, rompiendo lienzos de muralla, desplazando piezas de sillería de 10 toneladas a más de 40 metros, y atravesando la ciudad desde la Caleta hasta el muelle. Los feligreses sacaron imágenes de parroquias e iglesias en un intento desesperado de apaciguar a las aguas. En la de Nuestra Señora de la Palma, el fraile Bernardo de Cádiz y el párroco Francisco Macías salieron de la capilla portando un crucifijo y un estandarte, esos que se conservan en la vitrina a mano izquierda. Dicen que el fraile clavó la insignia en el suelo pronunciando las palabras: “Hasta aquí, Madre mía”. Tras la súplica las aguas se retiraron mansamente dejando indemne la parroquia. Hoy, en la remozada calle de la Palma, cerca de la iglesia, una placa a dos metros y medio del suelo indica el nivel que alcanzó la desproporcionada marea. Otra recuerda en castellano e inglés el evento, y una tercera, más añeja, relata los hechos de este modo: “Vn sacerdote saca feruoroso el Guion de la Ymagen de la Palma. De aqui no pases dice, al mar furioso. Y al punto el mar se vuelve, y todo calma. Por caso tan notable y prodigioso. Esta ylustre Hermandad con vida y alma de Dios y de Maria en honra y gloria erigio en gratitud esta memoria.” Desde entonces, cada primero de noviembre, en el barrio de la Viña, se saca en procesión a la Virgen de la Palma.

 Pero el terremoto de Lisboa tuvo otras secuelas. En España, Fernando VI, ordenó al Supremo Consejo de Castilla la elaboración de un informe para evaluar lo más exactamente posible los efectos del cataclismo. Se realizó una extensa encuesta de la que se recibieron respuestas de 1273 localidades que sufrieron el seísmo detallando bastante aproximadamente su alcance. De hecho es el primer estudio jamás elaborado sobre las consecuencias de un terremoto y se conservó integro en el Archivo Histórico Nacional en Madrid. No fue publicado por el Ministerio de Fomento hasta el año 2001, gracias a los trabajos de recopilación de José Manuel Martínez Solares, jefe del Área de Geofísica del Instituto Nacional Geográfico.




En los años posteriores al movimiento de tierra, en plena época de la Ilustración, este suscitó importantes discusiones filosóficas, particularmente en lo que se refiere a la teología y la teodicea, para la que resultaba difícilmente justificable semejante manifestación de la cólera divina. Un razonamiento científico y una explicación natural permitía eximir responsabilidades ante argumentos sobrenaturales. Voltaire trató el tema en “Cándido” y, en el Poème sur le désastre de Lisbonne, escrito el año siguiente a la catástrofe, exclama “Filósofos erróneos que clamáis: todo está bien!/ Corred, contemplad estas ruinas terribles/ estos desechos, estos andrajos, estas cenizas desafortunadas/ Estas mujeres, estos hijos apilados uno sobre otro/ Estos miembros dispersos sobre estos mármoles rotos/ Cien mil infortunados que la tierra devora.”


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