lunes, 15 de agosto de 2011

15 de Agosto, Solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora a los Cielos.



Santa María, al contemplar tu Asunción a lo más alto del cielo, toda tu vida queda iluminada con una luz nueva. Al igual que acontece con tu Hijo, que se comprende toda su enseñanza y la razón de su entrega teniendo en cuenta su Misterio Pascual, así sucede al mirarte en tu glorificación.


Tu Asunción al cielo permite redescubrir el valor de tu silencio, discreción, humildad y dolor como parte de este triunfo y exaltación, junto a tu Hijo Jesucristo, junto a Dios.


La vida de Nazaret, tu opción de obediencia y virginidad, tu entrega a la voluntad divina, tu solidaridad con las necesidades de los demás, desde tu Asunción, constituyen un referente esencial a la hora de un proyecto de vida.


Durante la historia ha habido muchos discípulos de tu Hijo que han mirado vuestra forma de vivir, para hacerla referencia existencial y tomarla como opción y forma de vida. Hoy, no sólo se ilumina tu historia y se convierte en paradigma para quien desea encontrar un modelo de existencia, sino que al contemplarte en el cielo, nos surge un sentimiento de confianza.


Si en vida fuiste la mujer servicial, sensible, discreta, compasiva, intercesora, ¡cuánto más lo serás ahora, en la posibilidad que te ha dado Dios de estar junto a Él, para interceder por quienes recibiste al pie de la cruz como hijos tuyos, por quienes peregrinamos aún por este desierto hacia la tierra de la promesa, donde tú habitas.


Santa María, compadécete de los mayores, de aquellos que como Isabel y Zacarías, viven momentos de especial necesidad, para que sientan el gozo de sus vidas plenas.


Santa María, Tú que fuiste sensible en Caná de Galilea a la carencia de vino, ruega a tu Hijo una bendición especial para las familias. y logra el regalo de la abundancia de amor mutuo entre los esposos que sufren el acoso de la ruptura y de la quiebra de su fidelidad.


Madre y maestra, que acompañaste el proceso de crecimiento de Jesús, intercede por todos los que tienen el deber y la misión de educar, y por quienes están en la edad más difícil, para que como tu Hijo crezcan en edad, sabiduría y gracia.


Madre de Dios, que concebiste en tu seno, por obra del Espíritu Santo, al Verbo eterno, y le diste tu carne y tu sangre, para que se formara en tus entrañas como uno de nosotros, protege a todas las madres y concede generosidad a quienes están llamados a ser fecundos y responsables con el don de la vida.


Virgen nazarena, tú sabes bien de horas de silencio y trabajo doméstico, de dolor junto a la cruz. Intercede por los que son llamados a consagrar sus vidas en los claustros, y a ser manos samaritanas, para que sean testigos del rostro luminoso de tu Hijo.


María, llenada de gracia, consagrada de Dios desde antes de nacer, mira a los niños y mira a los que se sienten llamados a seguir tus pasos por las sendas del Evangelio.


Santa María, ruega por nosotros a tu Hijo, triunfador de la muerte, y concédenos vivir siempre con la esperanza de contemplar vuestros rostros resplandecientes.


Amén.
Canten los ángeles todos
himno de gloria y honor
hoy que al empíreo se eleva
la Santa Madre del Redentor.

¡Surge Gloriosa María
en tu Gloriosa Asunción
y en tu carroza de nubes
lleva contigo mi corazón!

¡Viva la excelsa Reina
de la tierra y de los cielos!
¡Vedla como se eleva
pura y bella más que el sol!
¡Brindan sus dulces ojos
a los mortales consuelo,
brilla su hermoso rostro
de tersa nieve y arrebol!

¡Oh qué feliz fuera mi alma
si yo pudiera volar contigo
y contemplar tu hermosura
ante tu trono de amor divino!

¡Madre no nos dejes
que te amamos con locura,
y es nuestra alegría
el besar tu frente pura!

¡Al remontarte al cielo
en Gloriosa Asunción
deja entre tus hijos
tu amoroso corazón!

¡Míranos a tus plantas
en ferviente oración!
¡Míranos con amor!
¡Danos tu bendición!
PER ME REGES REGNANT
Al igual que sucede con otras imágenes famosas de la iconografía sevillana, un cierto halo de misterio parece rodear los orígenes de la venerable efigie de la Virgen de los Reyes. Historia, tradición y leyenda se entremezclan en la herencia literaria de aquellos historiadores y eruditos que han intentado acercarse al origen de este icono aportando distintas concepciones de su creación.

Algunas fuentes, entre las que podemos citar al propio Lope de Vega en su obra La Virgen de los Reyes (1622), se inclinan por la hipótesis de que la imagen fue, en realidad, una donación a San Fernando de su primo Luis IX, rey de Francia, hecho que parece apoyarse en las antiquísimas zapatillas que calza la Virgen en las que se puede observar la flor de lis bordada, emblema de la Casa Real gala.

Otros autores, sin embargo, se hacen eco en sus escritos de una tradición legendaria, extendida por toda Andalucía, que atribuye a manos angelicales la realización de la escultura de la Virgen.

La que a continuación reproducimos extraída de la obra de José María de Mena Tradiciones y leyendas sevillanas se trata de una de estas mágicas versiones que postulan la concepción de la Patrona de Sevilla sin la intervención de la mano del hombre. Cronológicamente, la escena se sitúa pocas fechas antes de la conquista de Sevilla, en aquel instante bajo dominación árabe.

"Estando el rey San Fernando en su campamento de Tablada, durante el cerco de Sevilla, poco antes de conquistarla, le ocurrió cierta noche quedarse en su tienda de campaña rezando. Mediada su oración se adormeció y tuvo una milagrosa visión en la que se le apareció la Virgen, en figura de una imagen muy lindamente labrada, con su Niño en brazos, y le decía:

Fernando, por tu gran piedad, yo te prometo que habrás de conquistar a Sevilla.

Al despertar llamó el rey a su capellán, que era el obispo don Remondo o Raimundo, y le manifesó la visión que había tenido. Pasado poco tiempo se cumplió el celestial aviso, y San Fernando pudo entrar victorioso en la ciudad.

Aposentado en el Real Alcázar, que era la antigua Alcazaba árabe, pasaba el santo Rey muchas horas en oración, acordándose de aquella imagen que en sueños había visto, y para no olvidarla, quiso que los artistas escultores la reprodujeran. Pero ninguno de cuantos artífices había en el reino de Castilla fue capaz de conseguir una imagen que tuviese exacto parecido con la que el rey había soñado.

Cierto día llegaron ante el Alcázar tres jóvenes vestidos con el traje que solían llevar los peregrinos alemanes que hacían la ruta piadosa de Santiago de Compostela y que solían bajar hasta el Sur. Los tres jóvenes peregrinos pidieron ser recibidos por el monarca. Preguntóles Don Fernando qué deseaban y ellos le dijeron:

Señor, somos tres compañeros escultores que hacemos nuestro viaje de 'wanderschaft' o viaje de perfeccionamiento de nuestro arte. Hemos recorrido la Alemania y la Francia, y ahora venimos a tu reino con el propósito de dar a conocer nuestro arte y aprender las reglas del vuestro.

Ofrecióles don Fernando cuantas facilidades quisieran para su aprendizaje, y entonces replicaron agradecidos:

Señor, en pago de vuestra acogida generosa, os queríamos hacer algún regalo. Si nos lo permitís labraríamos para vuestra capilla alguna imagen de la Virgen.

Aceptó el rey el ofrecimiento y mandó a su mayordomo que les entregase cuantos materiales y herramientas pidieran para su trabajo, pero ellos contestaron que no necesitaban nada sino solamente un salón en donde se les dejara trabajar sin ser vistos ni molestados por nadie.

Los encerraron, pues, en una cámara del Alcázar y al cabo de varias horas una criada que movida por la curiosidad miró por la cerradura vio que los tres extranjeros no estaban trabajando, sino arrodillados cantando dulces plegarias en medio de un gran resplandor, y acudió a comunicarlo al rey.

Quiso don Fernando comprobar por sí mismo tan extraña conducta de sus huéspedes y se acercó a la puerta para observar. Entonces reparó en algo que no había visto la criada: sobre la mesa que se les había dado para trabajar, tenían ya hecha y terminada una primorosa imagen de la Virgen, que era exactamente la que el rey había visto en su sueño.

Tembloroso de emoción don Fernando abrió la puerta y al entrar le cegó el resplandor de una inmensa luz. La Virgen sonreía frente a él y los tres jóvenes escultores habían desaparecido milagrosamente, sin que hubiese otra puerta por donde hubieran salido.

Comprendió entonces san Fernando que los tres mancebos eran ángeles y que le habían dejado allí la imagen de la Virgen como un regalo del cielo. Confirmaron este pensamiento del rey los guardas y centinelas del Alcázar, pues en ningún momento había salido ninguna persona por las puertas de la muralla del palacio real, y por añadidura, escultores de Sevilla que examinaron la imagen aseguraron que no era posible haberla labrado en tan breve tiempo de unas horas, y cuyo material no era metal, ni madera, ni marfil, ni sustancia alguna de este mundo.

Consultado el caso con el obispo don Remondo lo declaró por verdadero y cierto milagro, y ordenó que se colocase la prodigiosa imagen en la capilla del Álcazar, con el nombre de Nuestra Señora de los Reyes. Pasado el tiempo y cuando murió San Fernando, dejó en su testamento que deseaba que su cuerpo estuviera sepultado a los pies de la dicha bendita imagen, por lo que la Virgen de los Reyes pasó a la Catedral, poniéndosela en el altar de la Capilla Real donde el Santo Rey tiene su túmulo."





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