miércoles, 27 de julio de 2011

26 de Julio San Joaquín y Santa Ana



Aquellos honrados padres

¿A quiénes corresponden los nombres de Joaquín y Ana? ¿A los padres de la Virgen María? Dios no fabricó a María directamente del barro de la tierra. Cierto que es hija de familia y de familia honrada. Pero nadie nos puede asegurar que sus padres se llamaban Joaquín y Ana. Mas, por cuestión de nombres, ¿nos íbamos a quedar sin dedicar en la liturgia al menos un día a la memoria de quienes dieron vida, leche, pan, educación y cariño a la niña María? A ellos, anónimos padres, gente buena, santos de Dios, sea gloria y feliz recuerdo.

Lo del nombre nos importa poco. Lo que hay detrás del nombre nos interesa mucho, pues del tronco sale el tallo, de una cepa los sarmientos, y de unos padres buenos la Virgen María, madre de Dios encarnado. Ese fruto incomparable, Jesús, es el que ennoblece por sí mismo el privilegiado hogar materno-paterno.

Celebremos, pues, la vida de un hogar y de un matrimonio en el que santamente se formó la niña María, la llena de gracia.

ORACIÓN:

Señor, Dios nuestro: cuando la historia se acercaba a la plenitud de los tiempos, Tú diste a un matrimonio humilde la gracia de una hija, María, predilecta de tu Corazón, que sería Madre nuestra por la encarnación de tu Hijo. Concédenos que en todos los hogares de la tierra se tome como bendición y gracia la llegada de unos hijos que sean su flor y fruto en el amor. Amén.








El elogio en la palabra
Lectura del libro del Eclesiástico 44, 1.10-15:
“Hagamos el elogio de los hombres de bien, de la serie de nuestros antepasados. ¿Qué diremos de ellos? Fueron hombres de bien: su esperanza no se acabó; sus bienes perduran en su descendencia; su heredad pasa de hijos a nietos. Sus hijos siguen fieles a la alianza, y también sus nietos, gracias a ellos. Su recuerdo dura por siempre; su caridad no se olvidará.

Sepultados sus cuerpos en paz, vive su fama por generaciones; el pueblo cuenta su sabiduría, y la asamblea pregona su alabanza”.

En este párrafo está el perfume de la historia, creación, descendencia, amor puro. Los padres participan un poco del poder del Padre Eterno, creador, y sus hijos se crían en el regazo de sus corazones, en el sudor de sus manos, y en la educación de sus aptitudes.

Evangelio según san Mateo 13, 16-17:
“En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Dichosos vuestros ojos porque ven, y vuestros oídos porque oyen.

Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron, y oír lo que oís, y no lo oyeron”.

Este texto bíblico es adaptable a cualquier circunstancia de la vida en la luz, el amor, la salvación. Entendámoslo hoy como alabanza de un hogar y familia en los que pronto surgirá el mejor retoño de la Casa de David, el Mesías, Jesús.   











Momento de reflexión

A Dios la gloria y la alabanza.
La memoria litúrgica que hoy hacemos de los padres de Santa María Virgen pueden servirnos de ocasión para reflexionar sobre el sentido de algunas celebraciones excepcionales.

Son celebraciones que no precisan ni se apoyan en documentos históricos, registrados, fechados, con nombre y apellidos. Son celebraciones que responden a una realidad, escondida entre nieblas, pero que llegan al corazón del pueblo de Dios. Así nos sucede, por ejemplo, con los padres de María, Joaquín y Ana, abuelos de Jesús.

Alabanza y simbolismo en la piedad popular.
Si analizamos cuidadosamente nuestra piedad popular, la piedad en que fuimos y somos educados los cristianos, veremos que a la familia de María se le han dedicado muchos altares, altares bellísimos.

En ellos son auténticas joyas muchas esculturas en las que se representa, sobre todo, este cuadro y grupo familiar: una abuela, Ana, robusta y corpulenta, mantiene sobre sus rodillas, como en un trono, a una joven, María; y en el regazo de María, descansa un Niño también robusto, prometedor, Jesús.

Contemplando ese altar y grupo escultórico, o cualquier otra escena similar, descubriremos y admiraremos un fragmento de nuestra Historia de salvación, pues de esas raíces brotó la hija predilecta de Dios entre todas las mujeres, para ser Madre del Salvador.

Si aceptamos con espíritu de fe el plan divino que ahí se esconde, eso nos basta: Reconoceremos que estamos hablando de seres humanos, mortales como nosotros. Pero de personas agraciadas por la elección divina, según la cual María se incorpora a la obra de nuestra salvación. Y este realismo de la familia Joaquín-Ana, con María, nos preparará para entender el realismo humano de Jesús, el Hijo de María por obra del Espíritu Santo, nuestro Salvador, maestro, verdad y vida. 2. San Joaquín y Santa Ana

Creo amigo cibernauta que te voy a decepcionar si te digo que no se conocen datos ciertos sobre los abuelos de Jesús, o de los padres de María, como tu quieras llamarles. Los cuatro evangelistas del Nuevo Testamento no dicen nada sobre ellos, y por lo tanto, ni mucho menos mencionaron sus nombres.

Y ahora es probable que te preguntes: "¿y de donde sale que se llamaron Joaquín y Ana?", pues ... de los Evangelios Apócrifos, unas narraciones que quisieron completar datos que faltaban en los Evangelios del Nuevo Testamento y que fueron muy apreciados en Oriente. Los evangelios apócrifos que más narran la vida de los padres de María fueron el "Libro sobre la Natividad de María" y el "Protoevangelio de Santiago". Aunque la Iglesia Católica no acepta los evangelios apócrifos como vía de evangelización, tampoco los ha rechazado en algunos casos para completar la devoción popular, ya que gracias a ellos conocemos por ejemplo el nombre de los Tres Reyes Magos o los ya mencionados nombres de los padres de María. A pesar de ello, siempre se tienen que mirar con lupa. Precisamente, Santiago de la Voráigne, autor medieval de la famosa obra "La Leyenda Dorada" en la que recopilaba la vida de los principales santos, se sirve íntegramente del "Libro sobre la Natividad de María" para explicar la vida de los padres de María.

Joaquín y Ana según los textos apócrifos

El "Libro sobre la Natividad de María" es un texto que algunos fechan en el siglo IX y se basa en otro libro apócrifo titulado "Evangelio de Pseudo Mateo", este último escrito durante los siglos V-VI. En él se nos explica que Joaquín era de Galilea, del pueblo de Nazaret y que se casó con Ana, natural de Belén. Ambos eran personas justas hasta el punto que para cumplir rectamente la voluntad del Señor, hacían tres partes de lo que ganaban: una la daban para el templo y para los que cuidaban de él, otra para los peregrinos y los pobres, y la tercera se la guardaban para ellos y para su familia. Joaquín y Ana, a pesar del amor y de la felicidad que les unía, no habían tenido hijos durante sus primeros veinte años de matrimonio. Ante tal situación, hicieron una promesa al Señor que consistía en que si les daba un descendiente, lo consagrarían a su servicio. Para obtener tal gracia, todos los años se desplazaban a Jerusalén en las tres fiestas principales. El día de la Fiesta de la Dedicación, Joaquín fue a Jerusalén con los de su tribu y se acercó con los demás al altar para presentar la ofrenda de sus cosechas, pero el sacerdote, al verlo, lo rechazó con gran indignación diciéndole que no tenía derecho a acercarse al altar porque un hombre estéril como él que no había hecho crecer el pueblo de Dios, no podía andar con los que no estaban bajo su misma condición. Cabe decir, que en aquellos tiempos, el pueblo de Israel consideraba como una maldición la esterilidad.

Como te puedes imaginar Joaquín quedó muerto de vergüenza, y así lo narra también el evangelio del "Libro sobre la Natividad de María" que explica que ante tal situación injusta, nuestro santo se retiró a las praderas donde estaban los pastores con sus rebaños, sin querer volver a su casa para no exponerse a los desprecios por parte de los paisanos que habían presenciado la escena y oído lo que el sumo sacerdote le había echado en cara. Después de unos meses de gran soledad, se le presentó un ángel de Dios, rodeado de un inmenso resplandor que le comunicó:

"Joaquín, no tengas miedo ni te asustes por mi visión. Has de saber que soy un ángel del Señor. Él me ha enviado a ti para anunciarte que tus plegarias han sido escuchadas y que tus limosnas han subido hasta su presencia. Ha tenido a bien poner sus ojos en tu confusión, después de que llegó a sus oídos el desprecio de esterilidad que injustamente se te dirigía. Dios es verdaderamente vengador del delito, pero no de la naturaleza. Y por eso, cuando tiene a bien cerrar la matriz, lo hace para poder abrirla de nuevo de una manera más admirable y para que quede bien claro que la prole no es fruto de la pasión, sino de la libertad divina".

El ángel le pone a Joaquín diferentes ejemplos, como los de Sara que a los 80 años engendró a Isaac, o el de Raquel que tuvo a José. El ángel le comunica que la hija que van a tener llevará por nombre María y que esta vivirá consagrada a Dios desde su niñez en consonancia con el voto que realizaron. El libro apócrifo añade: "... siendo virgen, engendrará a su vez de manera incomparable al Hijo del Altísimo. El nombre de éste será Jesús, porque de acuerdo con sus significado ha de ser el salvador de todos los pueblos". El mismo ángel se apareció después a Ana notificándole su conversación con Joaquín, y ésta salió al encuentro de su esposo que se abrazaron ante la gran alegría.

Nota: aunque en el "Libro sobre la Natividad de María" menciona que María habría nacido en Nazaret, otros textos apócrifos señalan la natividad de María en Jerusalén, concretamente en el actual templo dedicado a Santa Ana. Esta última versión, es la más apoyada por la mayoría de historiadores y teólogos.

Aspectos positivos del texto apócrifo

La narración que te he explicado es sin lugar a dudas de gran belleza, y, a pesar de que no la podemos tomar como oficial, si que encontramos en ella datos que nos confirman, en primer lugar, el gran amor al Señor que tenían Joaquín y Ana y el deseo de que su hija formara parte de los planes de Dios. Hechos evidentes que más tarde se revelaron en los evangelios canónicos o oficiales, donde María sería la madre de Jesús, el Dios hecho hombre. Supongo que ni ellos mismos se imaginaron lo que "les caería encima". Es más, con este texto apócrifo podemos sacar muchos aspectos positivos:

1) Joaquín y Ana ya tenían claro que la riqueza se tenía que distribuir. Fíjate que de todo lo que ganaban, solamente se quedaban con una tercera parte, las otras dos iban a los pobres y a la vida religiosa. Nosotros también podemos contribuir a imitar el ejemplo de los padres de María, aportando nuestra solidaridad en las diferentes campañas que realiza nuestra Iglesia para los más necesitados: Cáritas, Manos Unidas ... También muchas Organizaciones No Gubernamentales (ONG) trabajan con los más pobres: Médicos Sin Fronteras, Unicef ... Es extraño ver como mucha gente puede pagarse la cuota de socio de su gimnasio o de su club de fútbol, y en cambio no pague una cuota de socio de una entidad benéfica. Y el mismo ejemplo nos sirve también para poder apoyar a aquellas entidades que luchan por otro tipo de pobreza: la naturaleza -cada vez menos protegida- o los animales -cada vez más maltratados-. Tenemos ejemplos de asociaciones como Greenpace, Adena, Adda ... El modelo de Joaquín y Ana nos puede servir para reflexionar sobre ello.

2) El ángel que se aparece a Joaquín nos transmite la idea que Dios está siempre al lado de los que más sufren, de los marginados, de los pobres. El "Libro sobre la Natividad de María" nos invita a no rechazar nunca a las personas que sufren una desgracia. Ya te he comentado antes que la esterilidad era vista por el antiguo pueblo de Israel como una maldición, un aspecto totalmente falso y desafortunado y realmente impensable hoy en día, más cuando vemos que nuestro Dios solamente transmite amor. ¡Cuántas veces rechazamos a alguien por algún defecto! y ¡cuántas veces rechazamos a personas que consideramos marginales!: mendigos, inmigrantes ...

3) Y el tercer aspecto positivo, este ya de ámbito general, es la condición de Joaquín y Ana como abuelos de Jesús. En muchos países, sobre todo en África, los abuelos son el pilar de la familia, la fuente de la sabiduría. Me explicó una vez un misionero, que en un país africano unos europeos tuvieron la idea de construir un asilo. Al cabo de unos meses de funcionamiento, lo tuvieron que cerrar porque el número de inscritos era mínimo y no cubrían los gastos para pagar la luz y el agua. ¿Cuánta gente hay que aparca a sus padres en un asilo como si fuera éste un parking de coches usados?. El ejemplo de Joaquín y Ana, como abuelos de Jesús, nos tiene que ayudar a tomar un aprecio mucho más grande de nuestros abuelos. ¿No estás arto de ver a personas mayores que acuden solas en la consulta del médico?, ¿que cuesta acompañarles?. Escuchar a nuestros abuelos, estar con ellos, mostrarles nuestro cariño, no dejarlos solos ...

Por otra parte, y en algunas familias, los abuelos también se han convertido como unos segundos padres. En una sociedad en la que el hombre y la mujer trabajan, muchas veces son ellos quienes cuidan a los niños, los van a buscar al colegio o a la guardería, los pasean ... Es interesante ver en este trabajo de los abuelos, no como unos "canguros" que nos salen gratis, sino como una forma de cariño y una fuente del saber. Ellos también les pueden educar con sus consejos, son en definitiva una fuente de sabiduría.

Y ... ¡ más tradiciones !

Una tradición muy viva en la edad media, narra que unos años después del nacimiento de María, Joaquín falleció y Ana se casó por segunda vez con un hombre llamado Cleofás, del que tuvo una hija que se llamó también María. Esta segunda hija fue la madre de Santiago el Menor (el apóstol), José Barsabá, Judas Tadeo y Simón el Zelote, estos dos últimos también apóstoles. Estos hijos serían lo que los evangelios de Mateo 13,55 y el de Marcos 6,3, nombra bajo el nombre de "hermanos", cuando lo correcto sería el de "primos", los primos de Jesús. La tradición explica también que Cleofás falleció y que Ana se volvió a casar por tercera y última vez, con un hombre llamado Salomás, con quien tuvo una tercera hija, llamada María Salomé que contrajo matrimonio con Zebedeo y que fue la madre de los apóstoles Santiago el Mayor y de Juan el evangelista.
Ana tuvo también otra hermana llamada Sobé, madre de Santa Isabel. Como sabes, Isabel se casó con Zacarías y los dos fueron los padres de Juan el Bautista, primo de Jesús.
Por tradiciones no quedemos, ya que en algún libro devocional también he encontrado los nombres de los padres de Ana: Matán y Emerenciana.

Como ves, hay en todas estas tradiciones alguna cosa cierta que nos narran los evangelios oficiales: que Isabel estuvo casada con Zacarías y que engendraron a Juan el Bautista o que María Salomé se casó con Zebedeo y que fue la madre de los apóstoles Santiago el Mayor y de Juan el evangelista. Por contra, en ningún pasaje del Nuevo Testamento se especifica que Ana se casara tres veces. Ya te he dicho anteriormente que no sabemos nada de cierto de los padres de María y que todo lo que conocemos es gracias a tradiciones y a los textos de los evangelios apócrifos.













El culto a Santa Ana y a San Joaquín

La devoción a Santa Ana es más popular y más antigua que la de San Joaquín. Tal y como explica Josep Lligadas en el libro "Santa Ana y San Joaquín" de la colección "Santos y Santas" del Centro de Pastoral Litúrgica de Barcelona, el 25 de julio del año 550 se dedicó una basílica dedicada a Santa Ana en Constantinopla, la actual ciudad turca de Estambul. Desde entonces, las iglesias orientales celebraron su fiesta en esa fecha. Siglos más tarde, y sobre todo a raíz de las cruzadas, la onomástica se difundió en Occidente, pero la celebración no se colocó en el mismo día sino en el siguiente, el 26. Finalmente, en 1584 la fiesta quedó fijada para toda la Iglesia, tanto en los países orientales como en los occidentales.

El culto de San Joaquín se introduce hacia el siglo XIV, época en la que también se populariza el culto de San José, y se consolida dos siglos más tarde. La fiesta se celebraba primero el 20 de marzo; luego, en 1738 se trasladó al domingo siguiente al 15 de agosto (Asunción de la Virgen); y finalmente, a principios del siglo XX, el Papa Pío X la fijó en el día siguiente de la Asunción, el 16 de agosto. Pero ... a raíz de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, en 1969, se unió la conmemoración de los padres de María en una única fiesta, la del 26 de julio. Una decisión acertada.

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