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martes, 11 de septiembre de 2012

8 de Septiembre, Solemnidad de la Natividad de Nuestra Señora





El documento más antiguo en conmemoración de esta fiesta data del siglo sexto. San Romano, el gran lírico eclesiástico de la Iglesia Griega, compuso en honor de la fiesta un himno (Card. Pitra, "Hymnogr. Graeca", Paris, 1876, 199) el cual es un bosquejo poético del evangelio apócrifo de Santiago. San Romano era nativo de Emesa en Siria, fue diácono de Berytus y posteriormente en la iglesia Blachernae de Constantinopla. Compuso sus himnos entre los años 536 y 556 (P. Maas en "Byzant. Zeitschrift", 1906). El origen de la fiesta puede haber tenido lugar en Siria o Palestina a principios del siglo sexto, momento en que, terminado el Concilio de Éfeso y bajo la influencia de la “Apócrifa”, el culto a la Madre de Dios se intensificó notablemente, especialmente en Siria. En los comienzos del siglo octavo, San Andrés de Creta predicó numerosos sermones respecto de esta fiesta (Lucius-Anrich, "Anfänge des Heiligenkultus", Tubinga, 1906, 468). Las evidencias intentan mostrar porqué fue elegido el ocho de septiembre para esta fecha. La Iglesia de Roma la adoptó del Este en el siglo siete; se le encuentra en los Sacramentarios Gelasiano (siglo siete) y Gregoriano (del octavo al noveno siglo). Sergio I (687-701) prescribió una letanía y una procesión para esta fiesta (P.L. cxxviii, 897 sqq.). En vista de que la historia de la Natividad de María es conocida sólo a través de fuentes apócrifas, la Iglesia Latina tardó en aceptar esta fiesta del oriente. No aparece en muchos calendarios que sí contienen la Asunción, como el Goto-Gálico, aquel de Luxeuil, el Calendario Toledano del siglo décimo y el Calendario Mozarábigo.

La iglesia de Angers en Francia sostiene que San Maurilio instituyó esta fiesta en Angers como consecuencia de una revelación alrededor del año 430. En la noche del 8 de septiembre, un hombre escuchó a los ángeles cantando en el cielo, y al preguntarles la razón, le respondieron que estaban llenos de júbilo porque la Virgen había nacido ese día ((La fête angevine N.D. de France, IV, Paris, 1864, 188); pero esta tradición no está corroborada por pruebas históricas. La fiesta aparece en el calendario de Sonnato, Obispo de Reims, 614-31 (Kellner, Heortología, 21). Aún así no puede decirse que haya sido una fiesta ampliamente celebrada en los siglos octavo y noveno. San Fulberto, Obispo de Chartres (1028), se refiere a esta fiesta como a una reciente institución (P.L., cxli, 320, sqq.); los tres sermones que él escribió son los sermones latinos genuinos más antiguos sobre esta fiesta (Kellner, "Heortología", Londres, 1908, 230). La octava fue instituida por Inocencio IV (1243) conforme con un voto hecho por los cardenales en el cónclave del otoño de 1241, cuando fueron hechos prisioneros por Federico II durante tres meses. En la Iglesia Griega la apódosis (explicación) de la fiesta tiene lugar el 12 de septiembre, a causa de la fiesta y la solemnidad de la Exaltación de la Cruz el 13 y 14 de septiembre. Tanto los coptos en Egipto cuanto los abisnianos celebran la Natividad de María el 1 de Mayo, y continúan celebrando la fiesta por 33 días bajo el nombre de “Semilla de Jacob” (Anal. Juris Pont., xxi, 403); también la conmemoran el primero de cada mes (carta privada de P. Baeteman, C.M., Alikiena). Los coptos católicos han adoptado la fiesta Griega, pero la mantienen el 10 de septiembre (Nilles, "Kal. Man.", II, 696, 706).



Hoy nace una clara estrella,
tan divina y celestial,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo sol nace de ella.

De Ana y de Joaquín, oriente
de aquella estrella divina,
sale luz clara y digna
de ser pura eternamente;
el alba más clara y bella
no le puede ser igual,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo Sol nace de ella.

No le iguala lumbre alguna
de cuantas bordan el cielo,
porque es el humilde suelo
de sus pies la blanca luna:
nace en el suelo tan bella
y con luz tan celestial,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo Sol nace de ella.

Gloria al Padre, y gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.


8 de Septiembre, comienzo de la devoción pastoreña.

Tras haber tenido lugar la visión de Fray Isidoro de Sevilla en el convento capuchino de esa ciudad, en la madrugada del 24 de  junio de 1703, encarga la pintura que muestra esa visión, la que realiza Alonso Miguel de Tovar y se presenta al mundo el 8 de septiembre de ese mismo año, partiendo en Rosario público desde la sevillanísima Parroquia de San Gil hasta la Alameda de Hércules, donde fue mostrada a los fieles la nueva advocación de María Santísima " Con Traje y Título de Pastora". El 8 de Septiembre día de la Natividad de Ella, también nació para el mundo una nueva advocación de su nombre.



¡¡BENDITA LA HORA QUE EL MUNDO TE VIO!!


miércoles, 25 de julio de 2012

23 de Julio, María Madre de la Divina Gracia.

La Divina Pastora de las Almas, ataviada con hábito Carmelitano.
Cuando todavía nos encontramos inmersos en la octava de la Fiesta del Carmen, el Carmelo celebra a María como Madre de la Divina Gracia, y nosotros en nuestra "sacristía" le dedicamos esta fiesta a la Divina Pastora de las Almas, que ataviada durante todo el mes de Julio con el hábito Carmelitano, recibe de todos el cariño y ofrenda filial. Estas dos advocaciones en una van unidas desde hace siglos, pues la bucólica representación de María como Pastora Mística de los carmelitas ya se representó en varias ocasiones, relacionando el risco pastoril con el Monte Carmelo, donde reina la Virgen Santísima nuestra Madre.

También habría que decir que el mismo Fray Isidoro de Sevilla, Capuchino impulsor de esta advocación pastoreña, al cual se le inspiró la Virgen en esas galas de Pastora, en todas sus predicaciones maríanas sacaba del pecho su Santo Escapulario, que perennemente llevaba al cuello y exortaba a todos los fieles a vestirlo y venerarlo como vestido de María Santísima, al igual que el Beato Fray Diego José de Cádiz, llamado "Segundo Apostol de la Divina Pastora" por su extremada devoción y promoción, también profesaba gran amor al carmen y a su Escapulario, llegando al punto de repartir e imponer entre las multitudes en sus predicaciones, escapularios que llevaba.

El hábito del Carmen es el vestido de la Virgen, el mismo que Ella nos regaló por medio de San Simón Stock en 1251, siendo así cualquier imagen que se revista así, no se viste del Carmen, sino de Ella misma, de María Santísima, abogada y mediadora nuestra.

Que la Divina Pastora Carmelitana, interceda por las vocaciones capuchinas y carmelitas, por la vida Consagrada en general y por toda la Iglesia, que con su callado nos acompañe en el camino y nos asista con su amparo glorioso en la hora de nuestra muerte.



La Santísima Virgen, predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios juntamente con la Encarnación del Verbo, por disposición de la divina Providencia, fue en la tierra la Madre excelsa del divino Redentor compañera singularmente generosa entre todas las demás criaturas y humilde esclava del Señor.
Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo, padeciendo con su Hijo cuando moría en la cruz, cooperó en forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra Madre en el orden de la gracia (LG 61).

Del Común de la Santísima Virgen Maria

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De la Homilía que san Cirilo de Alejandría, obispo, pronuncio en el Concilio de Efeso.
(Hom.4; PG77,991 B,C,D,995C)

Acceso a la fuente de la gracia por Maria
Te saludamos, Maria, Madre de Dios, sagrado tesoro de todo el universo, lámpara inextinguible, corona de la virginidad, cetro de la ortodoxia, templo indestructible, morada del que no cabe en ligar alguna, madre y virgen, gracias a la cual se llama bendito, en los santos Evangelios, al que viene en nombre del Señor.

Te saludamos a ti, que abarcaste en tus limpias entrañas virginales al inmenso e incomprensible. Por ti recibe gloria y adoración la santa Trinidad. Por ti se rinden veneración y culto a la preciosa cruz en el mundo entero. Por ti exulta el paraíso. Por ti los Ángeles y los arcángeles se regocijan. Por ti los demonios emprenden la huida. Por ti el tentador fue derrocado de las alturas. Por ti el hombre caído en el pecado halla acogida en el cielo. Por ti toda criatura, sujeta a la alineación de los ídolos, llega al conocimiento de la verdad. Por ti los creyentes obtienen la gracia del santo bautismo y el óleo de la alegría. Por ti han eregido Iglesias en toda la redondez de la tierra. Por ti los pueblos se sienten atraídos a la conversión.

¿Que más añadiré? Por ti el hijo único de Dios brillo como una luz sobre los que vivían en tinieblas y en sombra de muerte. Por ti los profetas vaticinaron. Por ti los apóstoles predicaron el mensaje de la salvación de las naciones. Por ti los muertos despiertan a la vida. Por ti los reyes reinan, por la gracia de la santa Trinidad.

Y ¿Que humano fuera capaz de enaltecer a Maria, como se merece, siendo tan digna de encomio? Ella es a un tiempo madre y virgen; ¡maravilla de las maravillas! Un prodigio así me enajena de asombro. ¿Quien oyó jamás decir que se prohibiese a un arquitecto vivir en el mismo templo que el edifico? ¿A quien se echaría en cara el haber adoptado por madre a su propia sirvienta?

Así, pues, hoy todo rebosa de alegría. Ojala nos sea dado tributar reverente adoración a la Unidad y culto estremecido a la indivisa Trinidad, mientras celebramos con nuestras alabanzas a la siempre Virgen Maria, templo santo de Dios, y a su hijo y a su casto esposo que al Señor pertenece la gloria por los siglos de los siglos. Amen


RESPONSORIO Hb.4,16

R. Acerquémonos con seguridad al trono de la gracia.*Para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente.

V. A ti, oh Virgen, suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lagrimas.
*Para alcanzar...



HIMNO

Pues que tu, reina del cielo,
tanto vales,
da remedio a nuestros males.

Quien podrá tanto alabarte
según es tu merecer;
quien sabrá tan bien loarte
que no le falte saber;
pues que para nos valer
tanto vales,
de remedio a nuestros males.

¡Oh Madre de Dios hombre!
¡oh concierto de concordia!
Tú, que tienes por renombre
Madre de misericordia;
pues para quitar discordia
tanto vales,
de remedio de nuestros males.

Tú, que estabas ta criada
cuando el mundo se crió;
tú, que estabas muy guardada
para quien de ti nació;
pues por ti nos conoció,
si no vales
fenecerán nuestro males.

Tú, que eres flor de las flores,
tú, que del cielo eres puerta,
tú, que eres olor de olores,
tú, que das gloria muy cierta;
si de la muerte muy muerta
no nos vales,
no hay remedio a nuestros males. Amen.
El barco del Carmelo reza y canta,
al hacerse a la mar del nuevo día,
y en su mástil por vela se levanta
el santo Escapulario de María. 


En la Montaña gloriosa
 donde germina el Carmelo,
florece su exclesa Dueña
en el risco de aquel suelo,
La Reina y la Soberana, 
la dulzura y el anhelo,
la hermosura más humana
y más divina en su vuelo.
¡¡Madre y Divina Pastora
Señora y Flor del Carmelo!!


Por esa Santa Librea,
Pastorcita del Carmelo,
bajo tu capa amorosa,
llévanos contigo al Cielo.

El Santo Niño Rey de la Paz, ataviado de Carmelita Descalzo, a las plantas de la Divina Pastora

 Madre y Reina, Pastora Carmelitana

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Ruega por nosotros

sábado, 28 de abril de 2012

III Sábado de Pascua, Festividad de María Santísima, Madre del Buen Pastor.



Como es bien conocido por todos, la devoción a la Virgen bajo el título de Divina Pastora de las Almas tuvo su inicio el ocho de septiembre de 1703. Fue el capuchino andaluz fray Isidoro de Sevilla quien, en un rosario público, la presentó por primera vez en el mundo católico vestida de pastora, pintada en un estandarte. Fue él mismo quien le pidió al artista Miguel Alonso de Tovar la pintase así, para lo cual le dio todos los detalles que debieran contener esta pintura. Por consiguiente, querer arrebatar al referido fray Isidoro de Sevilla ser fundador e iniciador de esta devoción no sólo es una gran injusticia, sino que se comete también un enorme y grave error histórico. No entra dentro de este artículo defender ahora ese derecho de nuestro fray Isidoro de Sevilla.

Bien se sabe que todo atributo dado a la Virgen Santísima, para darle culto y venerarla bajo el mismo y que el pueblo de Dios pueda aceptarlo, necesariamente deberá ser aprobado por la autoridad eclesiástica competente. Fue por ello por lo que desde un principio, nuestro venerable capuchino quiso contar con estas debidas licencias y aprobación pertinente a este respecto. Es cierto que no logró verlo en vida concedido por la Santa Sede, pues fray Isidoro murió en 1750. Más tarde, en el año 1795, lo conseguiría su hermano en religión y entusiasta propagador de esta advocación, el beato fray Diego José de Cádiz. Sin embargo, en la medida que pudo, él quiso valerse de buenos intercesores para que a Roma llegase, al menos, el conocimiento de la existencia de esta iniciada devoción. Se vale para ello del capuchino cardenal Casini, a quien le escribe en varias ocasiones para que el Santo Padre la bendijera y le concediera el mayor número de indulgencias y privilegios necesarios en aquellos sus comienzos. Son dos bulas las logradas de Clemente XI (1700-1721) por el referido cardenal. Mediante las mismas, se concede sea altar privilegiado aquél en el que se venere la imagen de la Divina Pastora por una parte, y por otra, se le otorga todas las indulgencias y privilegios que suele conceder la Sede Apostólica a las principales Hermandades del mundo. De ello, lógicamente, podemos deducir que, si oficialmente el título dado a la Virgen de Divina Pastora como tal no quedaba aprobado por estas bulas, indirectamente sí se conseguía, ya que el Santo Padre entonces le daba sus bendiciones sin ninguna oposición manifiesta al mismo con todo, el sentir de los capuchinos de la segunda mitad del siglo XVIII era conseguir la aprobación canónica de este título. Se lo propone -no sabemos si por encargo de sus superiores o por propia iniciativa- el ya dicho fray Diego José de Cádiz, cabiéndole el honor de haberlo conseguido. No nos cabe duda alguna habría él recibido del padre Miguel de Zalamea, el continuador y responsable de esta devoción a la muerte de su fundador y confesor suyo durante el noviciado que hizo en el convento de Sevilla, el testigo para continuar la propagación de la devoción a la Divina Pastora. Y, ciertamente, no lo defraudó. Bien puede afirmarse de él que fue el mayor apóstol de esta devoción, pues la extendió por toda España.

En la forma que fuera, se encarga de confeccionar los textos propios litúrgicos para solicitar a Roma esta aprobación canónica. De este intento suyo para componer dichos textos de la fiesta litúrgica de la Divina Pastora, la primera noticia la encontramos en 1781, cuando, en carta a su confesor el padre González le comunica haberlo perfeccionado y sacado en limpio para enviarlo al padre provincial con el fin de que lo llevase a Roma al Capitulo General y solicitar de la Congregación su aprobación y uso en la Orden. Nada se sabe del resultado, ni siquiera si se presentó. Hasta 1785 no se tiene ninguna nueva noticia de este asunto. Y es precisamente por la carta que e] mismo fray Diego escribe al padre Eusebio de Sevilla, rogándole pida al maestro de novicios el oficio entero de la Divina Pastora que al parecer, se había comprometido a sacarlo en limpio valiéndose de los novicios. Le ruega se lo mande, dado que ya tenía quien se lo pudiera hacer. En carta posterior le avisa que ya le tiene en su poder, aunque no así la misa, que le pide la retenga en su poder por no hacerle falta.



 Grandes y celebradas misiones ocupan al beato en los años 1786 y 1787 por diversos lugares de España. Esto, ciertamente, le quitó tiempo para ocuparse de esos textos litúrgicos. Finalmente, pudo concluirlos en su lamentable retiro en el convento de Casares (1788-1791), adonde fue enviado para recuperarse en su quebrantada salud, conforme le comunicara el provincial, aunque tampoco pueden excluirse otros motivos no tan sanos. Con ellos preparados y decidido ya a presentarlos a la Curia romana para su aprobación, alguien le aconseja que, juntamente con el texto envíe también un documento postulatorio firmado por él, razonando los motivos de su postulación. Así lo hace, dirigiendo su súplica al papa Pío VI. Por otra parte, sabía muy bien el beato que para garantizar su postulación necesitaba soli-citar del rey de España, que lo era Carlos III, su directo y real apoyo. Con el fin de un mayor éxito en esta pretensión suya, quiso valerse del confesor del rey, fray Joaquín Eleta, quien tristemente en el ínterin murió, lo que le hace decir al beato que tiene para él "habérseme frustrado el empeño que pensaba hacerle para que consiguiese del rey, nuestro señor, que recomendase a Roma la aprobación y permiso para el uso del oficio de la Divina Pastora". A este triste suceso le sigue, a los pocos días, el diez de marzo de 1788, la muerte de Carlos III, devotísimo de la Divina Pastora y gran admirador de fray Diego. A pesar de todo, él no se arredra por estos sucesos adversos y continúa en su trabajo para intentar su consecución.

Beato Fray Diego José de Cádiz

Es su entusiasmo y amor por esta devoción lo que le empuja a seguir haciendo nuevas gestiones. Al conocer que en mayo de 1789 la Orden capuchina celebra un nuevo Capítulo General, se anima a enviar a Roma su petición y los textos para su aprobación. Con los vocales capitulares que de la Provincia debían asistir al mismo y tratar este asunto, a fin de que sean ellos quienes los tramiten para su logro ante la Santa Sede. Por razones que se desconocen, ellos no pudieron llevarse el expediente. Busca, no obstante, a quien pueda trasportarlo y entregar los mismos en Roma. Esto, por suerte, se lo facilita un sacerdote de Árdales y opta finalmente fray Diego por escribirle al nuevo confesor del rey con el fin de interesar a la familia real en este asunto. Sufre una gran decepción, que le produce gran tristeza, pues al no recibir respuesta alguna a este respecto, llega a convencerse que todo ya se había malogrado. Sin embargo, las noticias venidas de Roma son de que estaba próxima la aprobación de la fiesta de la Divina Pastora con su oficio y misa propios. Pero, y a pesar de todo, lo que, en principio, parecía ya fácil, en realidad resultó difícil, debiendo dormir el sueño de la prórroga.

Papa Pío VI

Del año 1793 se tiene un documento oficial en el que consta que se ha dado curso a la solicitud del beato a los reyes y que se ha visto por el gobierno de su majestad que ha ordenado se sigan los trámites ordinarios para esta clase de asuntos. Interviene ahora el célebre primer ministro Manuel Godoy, quien en el oficio puso la minuta siguiente: "Junio 18 de 93. - Pásese al señor inquisidor general para que diga su parecer en esta solicitud Al margen añadió este otro apartado: "Aranjuez 19 de junio de 93. -Al arzobispo inquisidor general, llustrísimo señor: remito a vuestra señoría ilustrísima la adjunta solicitud, instanciada por el padre capuchino fray Diego de Cádiz, para que sus majestades recomienden a su Santidad la pretensión que tiene pendiente en la Corte Romana de que se conceda el uso del oficio y misa en honor de la Virgen con el título de Pastora de las almas, a fin de informar lo que se le ofrezca sobre su contenido”

Sólo dos años después se hizo realidad, con el correspondiente regium exsequatur concedido. Así pues, el cardenal Archinto, prefecto de la Sagrada Congregación de ritos, en nombre del santo padre Pío VI, firmaba el 1 de agosto de 1795 el rescripto por el que quedaba aprobada esta devoción a la Divina Pastora, con sus propios textos correspondientes a la misa y oficio divino, determinándose, además, que los capuchinos españoles pudieran celebrar su fiesta, todos los años, en el II domingo de Pascua de Resurrección.
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Fray Mariano Ibáñez Velázquez OFM cap.


sábado, 24 de marzo de 2012

24 de Marzo, Festividad del Beato Fray Diego José de Cádiz

 
Hosanna a ti, Señor, porque a los hombres
de todos los sectores de su época
tú enviaste a fray Diego, como apóstol,
con el fuego y la fe de tus profetas.

Honor a ti, Señor, porque al llamarle
al retiro, a la paz, a la pobreza,
su firme vocación de capuchino
dio sentido total a su existencia.

Bendito seas tú, porque en el cruce
de sus largas campañas evangélicas,
para su afán tenaz de misionero
tu palabra fue siempre luz y fuerza.

Loado seas tú, porque en su vida,
testigo de tu amor sobre la tierra,
para su empeño libre de ser santo
hermanaste tu gracia con su entrega.

Gloria a ti, Dios eterno, trino y uno:
Padre, Hijo y Espíritu, en tu Iglesia,
porque por ti fray Diego, ya sin término,
es signo de tu amor y tu presencia. Amén.